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Los
tardígrados, también denominados ositos de agua, son un tipo de insectos
que pueden vivir hasta diez años y sobrevivir a condiciones climáticas
extremas: soportan varios minutos de calor a +150ºC o de frío a -272ºC,
(sólo un grado sobre el cero absoluto), y pueden permanecer congelados a
-200ºC durante días. También sobreviven a 6 000 atmósferas de presión,
(seis veces mayor que la presión existente en las fosas oceánicas más
profundas), pueden soportar la inmersión en alcohol puro y en éter, y
dosis de radiación mil veces superiores a las que matarían a cualquier
otro animal. Incluso en estado activo son muy resistentes a la radiación
ultravioleta, gracias a su eficaz mecanismo de reparación de daños en el
ADN. También los huevos pueden sobrevivir deshidratados hacia el final
de su desarrollo, y son también muy resistentes a la radiación cósmica
Todo
ello, gracias a que pueden recurrir a la criptobiosis; un estado de
animación suspendida en el que casi se detiene el metabolismo cuando las
condiciones ambientales no son aptas para la vida, reduciéndose la
actividad metabólica hasta una diezmilésima de su valor normal. Así
pueden sobrevivir en condiciones de falta de agua o de oxígeno, frío
extremo o concentraciones letales de sal. En este estado, el contenido
de agua del animal baja desde el 85% a sólo el 3%; el agua perdida se
sustituye por un azúcar llamado trehalosa, que impide la destrucción de
las estructuras celulares, y por glicerina, que da elasticidad a los
tejidos deshidratados y protege contra los reactivos químicos generados
por la radiación ultravioleta y otras influencias externas.
De
todos modos, esto no significa que los ositos de agua sean
indestructibles. Para alcanzar el estado criptobiótico, el tardígrado
necesita un cierto tiempo, y que el cambio en las condiciones
ambientales no sea demasiado brusco; durante ese tiempo, el osito de
agua encoge las patas y la cabeza, se deshidrata y se rodea de una capa
de cera llamada “barrilete”. Cuando las condiciones ambientales vuelven
a ser favorables, el osito de agua se reactiva en un periodo de entre
unos minutos y unas horas. La energía necesaria para los procesos de
deshidratación y reactivación se almacena, en forma de glucógeno, en
células especiales cuyo papel es similar al del hígado humano.
No
está muy claro cuánto tiempo puede vivir un tardígrado. Sin contar con
el tiempo que puedan pasar en criptobiosis, la duración de vida de los
tardígrados en el laboratorio puede llegar hasta un año. Pero no se sabe
qué longevidad pueden alcanzar en su medio natural. La mayor parte de
los tardígrados mueren de viejos, por cambios en el ambiente, o por
infecciones de hongos o bacterias, aunque algunos son devorados por
gusanos nematodos, por amebas o por otros tardígrados. Curiosamente, los
signos de envejecimiento entre los ositos de agua son muy semejantes a
los de los seres humanos: Con la edad, los tardígrados se vuelven más
gordos y menos activos, con la cabeza proporcionalmente más pequeña,
desarrollan manchas en la cutícula e incluso les crecen pelos donde
antes no tenían.
Los
tardígrados son los únicos animales que sobreviven en las condiciones de
vacío y radiación del espacio. En septiembre de 2007, la sonda
ruso-europea FOTON-M3 llevaba a bordo tardígrados deshidratados, que
fueron expuestos al vacío y a la radiación ultravioleta solar en órbita
baja terrestre. De los expuestos a la radiación ultravioleta sólo
sobrevivieron tres individuos, pero entre los que sólo estuvieron
expuestos al vacío sobrevivió cerca del 70%, y muchos se reprodujeron
después. En mayo de 2011, en la Estación Espacial Internacional, se
comprobó que ni la microgravedad ni la exposición a la radiación cósmica
afecta significativamente a la supervivencia de los tardígrados, y en
noviembre de 2011, los tardígrados formaban parte del fallido
experimento LIFE, que pretendía llevar hasta Fobos, uno de los satélites
de Marte, y traer de vuelta a la Tierra, en un viaje de tres años, un
grupo de seres vivos, entre los que había bacterias, hongos y semillas,
para comprobar su capacidad de supervivencia. Pero la sonda rusa
Fobos-Grunt, que transportaba el experimento, se estrelló en el océano
Pacífico tres meses después de su lanzamiento por un problema con los
propulsores.
En
1990, el médico y biólogo alemán Joachim Vetter propuso que los
tardígrados no son nativos de la Tierra, sino que proceden de Marte, de
donde llegaron a bordo de un meteorito justo a tiempo para desencadenar
la explosión cámbrica, la rápida diversificación de los animales hace
unos 540 millones de años. Según Vetter, no es probable que la
adaptación de los tardígrados para sobrevivir en el espacio surgiera en
un planeta como la Tierra, dotado de agua líquida y una atmósfera densa
y respirable. Parece que Marte también era así hace unos pocos miles de
millones de años, pero la evolución de este planeta hasta sus
condiciones actuales, hostiles a la vida, es la que pudo espolear a los
supuestos antepasados marcianos de los tardígrados para desarrollar su
resistencia. No es probable, dice Vetter, que un organismo terrícola
invirtiera recursos en evolucionar unos rasgos, como la capacidad de los
tardígrados para sobrevivir en el espacio, que no son útiles aquí en la
Tierra. Pero el argumento de Vetter se puede dar la vuelta. Tampoco es
probable que un organismo, por alienígena que sea, conserve esos rasgos
a lo largo de cientos de millones de años aquí en la Tierra si no le
sirven para nada. El caso es que la enorme resistencia de los
tardígrados debe de ser simplemente un efecto colateral de su capacidad
para deshidratarse y sobrevivir a heladas, periodos de sequía o de
excesiva salinidad, cualidades éstas que sí tienen utilidad en los
cambiantes ecosistemas de la Tierra.
Los
tardígrados no son alienígenas. Están hechos con el mismo ADN y con las
mismas proteínas que los demás seres vivos de la Tierra, y no forman una
rama aparte, aislada, del árbol de la vida de nuestro planeta. Los
estudios genéticos y anatómicos más completos agrupan a los tardígrados
con los onicóforos o gusanos aterciopelados y con los artrópodos, grupo
en el que se incluyen insectos, crustáceos, arácnidos y miriápodos.
Lo
curioso es que estos insectos abundan a nuestro alrededor, especialmente
allí donde existe musgo, y se pueden observar con un simple microscopio
o incluso con una lupa potente.
Fuente: Cienciaes.com
Artículo completo en:
http://cienciaes.com/neutrino/2014/05/24/tardigrados/
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