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Con el constante crecimiento de la población mundial, la desertización
derivada de la climatología extrema provocada por el cambio climático, y
la consecuente hambruna a la que se ven sometidos millones de seres
humanos, no solo en el tercer mundo, sino en muchos más lugares de la
Tierra de los que cabría esperar, se justifica la enorme preocupación
científica por disponer de recursos naturales suficientes para poder
cubrir las necesidades alimentarias básicas de tantas poblaciones
marginadas, no solo en la actualidad, sino en un futuro próximo a nivel
mundial.
La cuestión generalizada que se plantea consiste en encontrar
alternativas a los cultivos estacionales sobre terrenos desertificados o
sometidos a desastres climáticos (granizo, viento, inundaciones, sequia,
etc.,) por grandes invernaderos eficientes, libres de contaminación,
capaces de reducir tiempos de cultivo y de obtención de vegetales sanos,
resistentes a plagas y capaces de crecer con la mínima cantidad de agua;
y todo ello con capacidades productivas sin riesgos y muy superiores a
las del cultivo estacional tradicional. Y todo ello durante todos los
días del año de forma ininterrumpida.
La iniciativa de producción climática artificial viene de la mano de la
tecnología oriental, especialmente China (primer productor mundial de
sistemas de iluminación LED) y Japón.
Un ejemplo relevante es el proyecto llevado a cabo en la prefectura de
Miyagi, al este de Japón, (arrasada en el año 2011 por el tsunami y
contaminada por los vertidos radiactivos de la central nuclear de
Fukushima), basado en la idea del fisiólogo vegetal Shigeharu Shimamura,
el cual ha convertido una antigua fábrica inactiva de semiconductores
de la compañía Sony, en la cámara climática de cultivo artificial más
grande del mundo, dotada de sistemas de fotoperiodo lumínico día/noche
mediante tecnología de iluminación LED.
Con una superficie equivalente a la mitad de un campo de fútbol y dotada
con un total de 17.500 diodos LED repartidos en 18 bandejas de cultivo a
15 niveles de altura, permite controlar el ciclo día/noche para acelerar
el crecimiento, creando más días y más noches, para lograr la mejor
combinación de fotosíntesis durante el día y respiración durante la
noche, con una eficiente combinación lumínica y climática.
Shimamura dice que este sistema permite que los vegetales crezcan de
media tres veces más rápido que en una huerta al aire libre. También es
capaz de reducir la producción sobrante de un 50% a solo un 10% de la
cosecha, frente a un huerto convencional, y reduciendo el consumo de
agua en un 1% de la cantidad que necesitarían los cultivos a la
intemperie. Con todo ello, la instalación lleva ya seis meses
produciendo 10.000 lechugas al día.
A todo esto hay que añadir que la tecnología de iluminación
optoelectrónica LED dura más y consume un 40% menos energía que otros
tipos de fuentes, ocupa el mínimo espacio gracias a la tecnología SMD,
genera la mínima cantidad de calor, soporta elevadas humedades y ofrece
una longitud de onda lumínica selectiva que acelera la germinación y el
crecimiento sin dañar las plantas, y todo ello conservando, e incluso
mejorando, las características organolépticas de los vegetales (color,
sabor, etc.).
El equipo de GE Japón asegura que los huertos de interior, podrían ser
la clave para resolver la escasez de alimentos en el mundo, y por ello
ya están trabajando en lo que serán auténticas factorías de producción
masiva de plantas hortícolas en Hong Kong y en Rusia.
En este caso ha sido un desastre nuclear el que ha empujado a
desarrollar estas macro cámaras climáticas de cultivos masivo, pero en
realidad, la idea está siendo seriamente considerada en todos los
lugares de la Tierra, e incluso en la Estación Espacial Internacional,
donde ya se están produciendo vegetales para el consumo de los
astronautas, y de cara a las futuras colonizaciones extraterrestres.
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