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Las infraestructuras ferroviarias al tener que estar diseñadas para el
transporte de personas y mercancías a largas distancias, han de
enfrentarse a cambios ambientales repetitivos; no solo en cuanto a
vicisitudes climáticas de origen meteorológico, sino también en razón de
las zonas geográficas por las que habrán de transitar, entre las que
caben señalar las zonas marítimas con ambientes químicamente activos.
Con la nueva tecnología de alta velocidad y dados los elevados costes de
este tipo de infraestructuras, tanto desde el punto de vista
constructivo como de mantenimiento, de lo que se trata es de realizar
los trazados de la forma más recta posible, lo que implica tener que
pasar por áreas costeras o sobre el mar.
En su constante exposición a la intemperie, un riesgo a tener en cuenta
es la corrosión. Oleaje, salpicaduras, rociones, cambios térmicos,
lluvias y ambiente con alto contenido en cloruro sódico por doquier.
Semejante ambiente corrosivo ejerce una destrucción constante y
progresiva de tal importancia que requiere enormes inversiones de
protección y de recambio de piezas deterioradas.
Para evaluar a escala de laboratorio la resistencia a la corrosión
marina de los aceros y sus recubrimientos se emplean las cámaras de
niebla salina de ensayos acelerados, capaces de simular y reproducir de
forma cíclica todas las condiciones y ambientes climáticos existentes en
todas las zonas geográficas de las redes ferroviarias del mundo.
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