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Generalmente, la corrosión es un fenómeno maligno que cursa con la
destrucción de los metales como consecuencia de los procesos
electroquímicos que se producen en presencia de sustancias químicamente
activas con el propio metal, pero a veces, los procesos electroquímicos
superficiales son beneficiosos para la protección de las estructuras
metálicas.
Los metales pasivos son aquellos cuyos productos de la corrosión en su
superficie, forman una capa protectora que impide que avance el proceso
de deterioro metalúrgico. Es el caso del zinc, como ejemplo de
tratamiento de “pasivación”.
Los recubrimientos de zinc aplicados sobre los aceros (cincado
electrolítico) cumplen dicha función.
Si observamos una gran variedad de farolas, barreras de protección de
autovías y columnas de señalización viaria protegidas mediante
recubrimientos metálicos tales como la galvanización, observaremos que
superficialmente se ha producido un ligero cambio de apariencia, pasando
de una tonalidad brillante inicial a un acabado mas mate y blanquecino,
típico del oxido de zinc, que actúa como agente protector del avance de
la corrosión.
Para estudiar la resistencia frente a la corrosión de los metales
tratados por este método, se utilizan las cámaras de niebla salina
capaces de simular los ambientes climáticos representativos del ambiente
marino, cuya concentración de ClNa es altamente corrosiva.
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