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Para que los materiales metálicos tengan la cualidad de ser vulnerables
a la corrosión producida por determinados agentes oxidantes o
corrosivos, es necesario contemplar tres aspectos esenciales: El agente
susceptible de generar la corrosión, la composición del metal o
sustrato, y la naturaleza del recubrimiento protector.
Tanto los transformadores metalúrgicos y fundidores, como las empresas
distribuidoras, disponen de tablas de los diferentes tipos de metales y
aleaciones, a disposición de todos los usuarios. En estas tablas, no
solo se ofrecen detalladamente sus composiciones y características, sino
también el grado de resistencia a la corrosión de los diversos agentes
químicos y las atmósferas más habituales a las que pueden ser expuestos.
Una vez conocida la vulnerabilidad de los metales frente a la influencia
de los mencionados agentes químicos corrosivos, a los cuales han de ser
expuestos, es cuando entra en juego la elección del recubrimiento
protector más adecuado.
Optimizar la combinación formada por el metal más conveniente y el
recubrimiento más adecuado, es la clave para garantizar la resistencia a
la corrosión.
Para llegar a determinar la resistencia a la corrosión de los metales
básicos, sus aleaciones y sus recubrimientos, es necesario reproducir a
escala de laboratorio cada una de las posibles composiciones químicas
corrosivas existentes en los diversos escenarios bajo los cuales se ha
de desarrollar la vida del producto.
Para reproducir dichas condiciones ambientales a escala de laboratorio,
se utilizan las cámaras de ensayos de corrosión acelerada en sus
diversas modalidades.
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