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La niebla en el mar fue desde antaño un problema para los navegantes
debido a las dificultades que acarreaba para la orientación, peligros de
abordaje, colisión con arrecifes y zonas costeras, bajíos, etc. De hecho
a la niebla en el mar se le atribuyen multitud de naufragios de barcos
desde los tiempos de los fenicios (S. VII A.C.).
Las áreas marítimas del mar de China Meridional, junto con el mar
Mediterráneo y el mar Caribe, son considerados como los “mayores
cementerios de barcos hundidos” del mundo. Se estima que en las aguas
litorales de China se hundieron posiblemente más de 100.000 naves
comerciales a partir de las dinastías Song y Yuan (años 960 a 1368), la
mayoría de ellas como consecuencia de las densas nieblas.
Mucho más recientemente, en el S. XVI, existen evidencias de la
implicación de la niebla en la desaparición de barcos de vela y serios
contratiempos en flotas enteras de buques de guerra. Los primeros
contratiempos previos al hundimiento de la armada invencible, la cual
navegaba con el lema de “dios está con nosotros”, fueron debidos a
extravíos en la niebla de algunos de sus buques. El temporal posterior
en las costas de Irlanda y las Ordás salvajes de la época, hicieron el
resto: 130 buques hundidos con 30.000 hombres procedentes de los tercios
de Flandes, perdieron su vida; la mayoría murieron ahogados y el resto
ahorcados o pasados a cuchillo cuando llegaban exhaustos a la orilla.
Solo unos pocos pudieron contarlo.
Afortunadamente, hoy en día la moderna tecnología de radares y los
sistemas satelitarios de posicionamiento global (GPS) han resuelto todos
estos problemas inherentes a la navegabilidad.
En la antigüedad el material predominante en los barcos era la madera,
al menos en la arquitectura naval; a lo sumo se empleaba el hierro en
las anclas y los sistemas de fondeo, el armamento (cañones, obuses,
morteros y carronadas, sables, etc.) y la munición (balas esféricas,
balas con cadenas para desarbolar, etc.). Los museos de arqueología
submarina, plenos a rebosar en nuestro país (Arqua en Cartagena, Museo
de la Ciudad en Barcelona, etc.), son vivos testigos de estos episodios
marítimos.
Pero a medida que el hierro ha ido sustituyendo a la madera, la niebla
ha pasado de ser un problema de navegabilidad y seguridad marítima, a un
problema de corrosión. Problema que en nuestros días preocupa y ocupa a
un importante elenco de científicos de todo el mundo.
Con las cámaras de ensayos de corrosión acelerada por niebla salina se
realiza la investigación de nuevos materiales y se efectúan estudios de
resistencia a la corrosión de nuevas estructuras metalográficas, así
como de los más modernos tratamientos y recubrimientos de protección.
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