
Imagen: Involcán y helicópteros de la Guardia Civil |
El cambio climático no tiene porque ser negativo, sino positivo;
especialmente si se refiere a un enfriamiento global del planeta.
Hasta el momento el calentamiento global está suponiendo un problema,
pero si hubiese algún efecto contrario, que fuera capaz de revertir el
problema, entonces podríamos cambiar a mejor. Esto lo podrían conseguir
las erupciones volcánicas.
Cuando el volcán del Monte Pinatubo, en Filipinas, entró en erupción en
1991 causó grandes daños. Sin embargo, también exhaló a la atmósfera
unas toneladas de dióxido de azufre que, según afirman los científicos,
contribuyeron a enfriar el planeta, informa La Vanguardia.
Así, un equipo de investigadores procedentes de instituciones tan
prestigiosas como la Universidad de Colorado, el Instituto de Tecnología
de Massachusetts o la NASA, subraya que estos fenómenos están atenuando,
al menos, de momento, el denominado efecto invernadero. E incluso
calcula en qué proporción lo hacen: un 25%. Aunque a continuación
advierte de que esta solución no es suficiente por sí sola, ya que la
contaminación derivada de la actividad humana aumenta año tras año.
Los autores iniciaron sus indagaciones tras constatar que entre 2000 y
2010 la Tierra no se había calentado tanto como habían previsto los
especialistas. Y eso que países como China o India habían incrementado
sus emisiones industriales en un 60% a lo largo de la década pasada.
A partir de ambas certezas, este grupo de profesores norteamericanos,
que ha difundido los resultados de su trabajo en la publicación
Geophysical Research Letters, observó que, gracias a los volcanes, hay
cantidades de dióxido de azufre que ascienden entre 20 y 32 kilómetros,
donde desencadenan reacciones químicas favorables, al reflejarse la luz
del Sol al espacio por su influencia.
El colectivo, liderado por Ryan Neely y completado por Brian Toon,
Jeffrey Thayer, Susan Solomon, Jean Paul Vernier, Catherine Alvarez,
Karen Rosenlof, John Daniel, Jason English, Michael Mills y Charles
Bardeen, empleó potentes sistemas informáticos para llevar a cabo varias
simulaciones que les permitió entender lo que está sucediendo.
La revista Science publicaba hace seis años otro artículo en el que
científicos de otra universidad estadounidense, en concreto la de Oregón,
llegaban a la conclusión de que el calentamiento que se experimentó 55
millones de años atrás –de cinco grados en los trópicos y más de seis en
el Ártico– se debió precisamente a una serie de erupciones volcánicas en
Groenlandia y el área occidental de Gran Bretaña.
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