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Enrico Fermi fue un físico italiano considerado como uno de los
científicos más destacados del siglo XX. Desarrolló el primer reactor
nuclear y la teoría cuántica, la física nuclear y de partículas, y la
mecánica estadística. En 1938 Fermi recibió el Premio Nobel de Física
por sus trabajos sobre radiactividad inducida.
Además también es conocido por la famosa “Paradoja de Fermi” respecto de
la existencia de vida extraterrestre: La creencia común de que el
Universo posee numerosas civilizaciones avanzadas tecnológicamente,
combinada con nuestras observaciones que sugieren todo lo contrario es
paradójica, sugiriendo que nuestro conocimiento o nuestras observaciones
son defectuosas o incompletas.
Pensemos que, solo en nuestra Vía Láctea hay 400 mil millones de
estrellas, y tantas estrellas en nuestra galaxia como galaxias hay en el
universo observable; en otras palabras, existen tantas galaxias como
estrellas en nuestra Vía Láctea. Solo ello induce a pensar que no parece
creíble que estemos solos en este inmenso universo.
La formulación de la paradoja surgió en una época en la que Fermi estaba
trabajando en el Proyecto Manhattan cuyo fin era el desarrollo de la
bomba atómica estadounidense. La respuesta de Fermi a su paradoja es que
toda civilización avanzada en la galaxia, desarrolla con su tecnología
el potencial de exterminarse tal y como percibía que estaba ocurriendo
en su época. El hecho de no encontrar otras civilizaciones
extraterrestres implicaba para él un trágico final para la humanidad.
En un intento por responder a la paradoja de Fermi, el profesor Robin
Hanson propuso en 1996 la idea del Gran Filtro como una de las opciones
para explicar la paradoja, tales como que la inteligencia necesaria
para alcanzar a crear tecnología avanzada puede ser muy rara, o que la
Tierra es un planeta complejo.
Una de las hipótesis formuladas últimamente acerca de por qué no hemos
contactado con otras formas de vida extraterrestre podría estar
relacionado con un factor ambiental.
Según las cifras de los investigadores, las temperaturas de la Tierra
deberían haber aumentado hasta 100 grados centígrados. De ser así, la
única respuesta al hecho de que todavía existamos podría ser debido a
la aparición de las plantas hace 400 millones de años, propiciando la
generación de una atmósfera que ha logrado reflejar el calor externo
hacia el exterior del planeta, enfriándose la atmósfera hasta
conservar el agua líquida sin perderse.
Bajo esta hipótesis, habríamos sobrevivido gracias a un factor
simplemente climático.
De ser así, si otros planetas sufrieron procesos semejantes al nuestro,
siendo capaces de conservar agua con un clima propicio, durante el
tiempo suficiente como para que desarrollase la vida inteligente,
entonces otras formas de vida semejantes a la nuestra podrían ser
posibles. Otra cosa es encontrarlas.
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