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Durante la época invernal, especialmente en áreas geográficas de clima
frío, la helada en las carreteras supone un grave riesgo para la
seguridad del tráfico rodado, lo cual obliga a emplear medios para
evitar dicha formación de hielo.
La utilización indiscriminada de sal común en las carreteras para luchar
contra la formación de hielo y nieve en las autovías, no solo constituye
un elevado riesgo de corrosión para los metales integrantes de los
vehículos, barreras, farolas, puentes, construcciones civiles, túneles,
ferrocarriles, pavimentos, etc., sino que además supone un gravísimo
perjuicio para los ecosistemas. Por ello, cada vez son más los países
que están dejando de usar este agresivo procedimiento con el fin de
evitar los daños que la salinidad produce sobre los bienes y la
ecología.
De hecho, son muchos los municipios europeos que están prohibiendo el
empleo de sal para evitar el impacto negativo en el medio ambiente,
subsuelo, árboles y plantas, regadíos, agua potable, salud de animales,
etc., hasta tal punto que la sal contra las heladas es la responsable de
la muerte del 90% de los árboles existentes en algunas ciudades alpinas
europeas. Cabe señalar que en Berlín, la prohibición en zonas urbanas,
alcanza a la aplicación de multas de hasta 10.000 Euros.
Como alternativa a la utilización de sal, existen soluciones
biodegradables, tales como la utilización de arena, ceniza, y similares,
las cuales permiten derretir el hielo en tiempo semejante, sin causar
daños, y a un coste muy inferior.
A escala de laboratorio se pueden estudiar los efectos de la utilización
de sal en las autovías mediante cámaras de simulación, en las cuales, no
solo se pueden producir las condiciones climáticas meteorológicas
extremas, sino también el contacto con los diversos medios salinos
empleados y su influencia en el medio ambiente.
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