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Las señales de tráfico, por encontrarse permanentemente expuestas a la
intemperie, son elementos altamente vulnerables a la corrosión
ambiental; especialmente cuando su ubicación se encuentra en zonas con
ambientes altamente contaminados o próximos al litoral marítimo.
Entre las situaciones de riesgo más comunes, podemos citar las
siguientes:
1) Corrosión por humedad ambiental y lluvia.
Tanto la lluvia como la humedad relativa condensada sobre las
superficies, en presencia del oxígeno del aire y contaminación, producen
un efecto corrosivo sobre los metales.
2) Corrosión por ambiente marino:
Está producida por las sales de cloruro sódico existentes en el agua de
mar y que son dispersadas en forma de niebla en las zonas marítimas.
3) Corrosión por atmósfera urbana:
Está producida por la presencia de gas SO2 procedente de la combustión
de los derivados del petróleo.
4) Corrosión por atmósfera industrial:
Es semejante a la atmósfera urbana, si bien podemos encontrar la
presencia de otro tipo de vapores ácidos derivados del nitrógeno, cloro,
azufre, etc., los cuales configuran la denominada niebla ácida.
5) Corrosión por la acción directa de la sal anti-hielo:
La sal depositada en las carreteras, para evitar la formación de hielo,
es proyectada contra las barreras por las rodaduras de los automóviles,
ejerciendo un potente efecto corrosivo.
Los ensayos de corrosión por salpicaduras de sal se realizan bajo la
norma UNE 135-125/2006.
Para ensayar de forma acelerada la resistencia de las señales de tráfico
a escala de laboratorio se emplean las cámaras climáticas de corrosión,
tales como la cámara de niebla salina combinada que se presenta en la
imagen adjunta.
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