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Un nuevo estudio llevado a cabo por la NASA sugiere que los bosques
tropicales, como este en Malasia, absorben más dióxido de carbono de la
atmósfera que lo que absorben los bosques de Canadá, de Siberia y de
otras regiones del norte. Crédito de la imagen: Wikimedia Commons |
Un nuevo estudio dirigido por la NASA muestra que los bosques tropicales
pueden estar absorbiendo mucho más dióxido de carbono que lo que
pensaban muchos científicos, en respuesta al aumento de los niveles
atmosféricos de los gases de efecto invernadero. El estudio estima que
los bosques tropicales absorben 1.400 millones de toneladas métricas de
dióxido de carbono de una absorción global total de 2.500 millones (más
de lo que es absorbido por los bosques de Canadá, de Siberia y de otras
regiones del norte, llamados bosques boreales).
“Esta es una buena noticia, porque la absorción en los bosques boreales
ya se está frenando, mientras que los bosques tropicales pueden seguir
absorbiendo carbono durante muchos años más”, dijo David Schimel, del
Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, ubicado en
Pasadena, California. Schimel es el autor principal de un trabajo sobre
la nueva investigación, que aparece en Proceedings of the National
Academy of Sciences.
Los bosques y otra vegetación en tierra actualmente eliminan hasta el 30
por ciento de las emisiones humanas de dióxido de carbono de la
atmósfera durante la fotosíntesis. Si la tasa de absorción fuera más
lenta, la tasa de calentamiento global a su vez se aceleraría.
El nuevo estudio es el primero en idear una forma de hacer comparaciones
del tipo “manzanas con manzanas” respecto de los cálculos de dióxido de
carbono de muchas fuentes en diferentes escalas: modelos informáticos de
procesos del ecosistema, modelos atmosféricos llevados hacia atrás en el
tiempo para deducir las fuentes de las concentraciones actuales
(llamados modelos inversos), imágenes satelitales, datos de parcelas de
bosque experimental y mucho más. Los investigadores conciliaron todos
los tipos de análisis y evaluaron la exactitud de los resultados tomando
como base cuán bien reprodujeron las mediciones independientes hechas en
tierra. Obtuvieron así su nueva estimación de la absorción del carbono
tropical de los modelos que ellos determinaron eran los más confiables y
verificados.
“Hasta nuestro análisis, no se había llevado a cabo con éxito una
conciliación global de la información sobre los efectos del dióxido de
carbono de las comunidades relacionadas con la atmósfera, la
silvicultura y los modelos”, dijo el coautor Joshua Fisher, del JPL. “Es
increíble que todos estos tipos de orígenes de datos independientes
empiecen a converger en una respuesta”.
La pregunta sobre qué tipo de bosque es el que absorbe la mayor cantidad
de carbono “no es sólo una curiosidad contable”, señaló el coautor
Britton Stephens, del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica,
ubicado en Boulder, Colorado. “Tiene grandes implicaciones para poder
comprender si los ecosistemas terrestres globales podrían seguir
compensando nuestras emisiones de dióxido de carbono o podrían comenzar
a agravar el cambio climático”.
A medida que las emisiones causadas por los seres humanos agregan más
dióxido de carbono a la atmósfera, los bosques en todo el mundo lo
utilizan para crecer más rápidamente, reduciendo así la cantidad que
permanece en el aire. Este efecto se denomina fertilización carbónica.
“En igualdad de condiciones, el efecto es más fuerte a temperaturas más
altas, lo que significa que será mayor en los trópicos que en los
bosques boreales”, expresó Schimel.
Pero el cambio climático también disminuye la disponibilidad de agua en
algunas regiones y hace que la Tierra se caliente, lo que da lugar a
incendios forestales más frecuentes y más grandes. En los trópicos, los
seres humanos agravan el problema con la quema de madera durante la
deforestación. Los incendios no sólo detienen la absorción del carbono
al matar los árboles, sino que también arrojan grandes cantidades de
carbono a la atmósfera mientras la madera se quema.
Durante alrededor de 25 años, la mayoría los modelos climáticos
informáticos han mostrado que los bosques de latitudes medias del
hemisferio norte absorben más carbono que los bosques tropicales. Ese
resultado se basó inicialmente en lo que se conocía sobre los flujos
globales de aire y en los datos limitados que sugerían que la
deforestación hacía que los bosques tropicales liberaran más dióxido de
carbono que el que estaban absorbiendo.
A mediados de la década de 2000, Stephens utilizó mediciones del dióxido
de carbono llevadas a cabo desde algunas aeronaves con el fin de mostrar
que muchos modelos climáticos no representaban de manera correcta los
flujos de carbono por encima del nivel del suelo. Los modelos que
coincidían con las mediciones hechas por los aviones fueron los que
mejor mostraron la mayor absorción de carbono en los bosques tropicales.
Sin embargo, aún no había suficientes conjuntos de datos globales como
para validar la idea de una gran absorción por parte de los bosques
tropicales. Schimel dijo que su nuevo estudio sacó ventaja de una gran
cantidad de trabajo que otros científicos han realizado desde el trabajo
de Stephens para reunir datos nacionales y regionales de varios tipos
con el propósito de formar conjuntos de datos y convertirlos en datos
contundentes y globales.
Schimel señaló que su trabajo concilia los resultados en todas las
escalas, desde los poros de una sola hoja, donde la fotosíntesis se
lleva a cabo, hasta todo el planeta Tierra, a medida que el aire mueve
el dióxido de carbono alrededor del globo. “Lo que habíamos tenido hasta
este trabajo era una teoría de la fertilización con dióxido de carbono
basada en fenómenos a escala microscópica y observaciones a escala
mundial que parecían contradecir esos fenómenos. Aquí, al menos, hay una
hipótesis que proporciona una explicación coherente que incluye lo que
conocemos del funcionamiento de la fotosíntesis y lo que está pasando a
escala planetaria”.
Fuente: NASA
science.nasa.gov
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