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Imagen: NASA. (La tripulación del Apolo 1)

Imagen: NASA. (El apolo 1 tras el incendio) |
El Apolo 1 (originalmente llamado Apolo/Saturno-204) había sido
planificado para ser la primera misión tripulada del Programa Apolo con
destino a la Luna. Sin embargo, el 27 de enero de 1967, una serie de
fallos constructivos en cadena, ocasionaron el fracaso de la misión y el
fallecimiento de la totalidad de su tripulación.
El comandante Virgil Grissom (Gus) y los pilotos Edward White y Roger
Chaffee iban a ser la tripulación de la primera misión del programa
Apolo prevista para ser lanzada al espacio el 21 de febrero de 1967.
Tras el desastre y a petición de sus viudas, la NASA bautizó la misión
con el nombre de Apolo 11.
Ahora que ya estamos camino de viajar a Marte, parece justo intentar
trasladar nuestra memoria hacía aquellos comienzos de la dura batalla
científica iniciada por la NASA, en plena guerra fría, por conseguir la
primacía de la conquista del espacio.
Trasladémonos al año 1962, cuando el presidente número 35 de la historia
de los Estados Unidos de América, John F. Kennedy, en un discurso
memorable, aseguraba que los norteamericanos serían los primeros seres
humanos que llegarían a la Luna sin deparar en medios: "He tomado la
decisión de que nuestra nación llegue a la Luna en esta década. No será
una misión sencilla, pero lograrlo nos servirá para demostrar al mundo
nuestras capacidades científicas y nuestro tesón".
Lástima que no lo pudiera ver hecho realidad, porque solo unos meses
después de pronunciar este discurso, caía asesinado en Dallas; pero el
camino ya estaba marcado: Siete años después, en julio de 1969, la
tripulación del Apolo 11 hizo realidad el pequeño paso para el hombre y
la gran proeza para la humanidad.
Pero para que el Apolo 11 pudiera llegar a la Luna, otras 10 misiones
Apolo tuvieron que ser experimentadas. De todas ellos quedará grabada en
la memoria, para siempre, la misión Apolo 1, por su fugaz y terrible
desenlace: En 17 segundos un incendio arruinó la misión, condenando a
una muerte horrible a sus tres astronautas, pero dejando a cambio una
valiosísima experiencia de lo que no se tenía que hacer, y qué era lo
que se tenía que mejorar.
El desastre fue fruto de una serie de errores, destacando los
siguientes:
1) Una chispa generada en un circuito eléctrico mal diseñado, provocó el
incendio en un tanque de oxígeno puro que abastecía al sistema de
mantenimiento del aire respirable del módulo.
2) La escotilla estaba diseñada para abrirse hacia dentro, en lugar de
hacia fuera, con lo cual, al generarse el incendio y su consecuente
sobrepresión interior, fue imposible su apertura.
3) Los trajes de los astronautas eran altamente inflamables, con lo
cual, lejos de proteger a los astronautas, los condenaron a una muerte
terrible.
Gus Grissom, Edward White y Roger Chafee, pagaron con sus vidas el
inicio de la conquista de la Luna, dado que sin su sacrificio hubiese
sido imposible la consecución de las siguientes misiones,
imprescindibles para desembocar finalmente en la proeza del “gigantesco
paso de la humanidad” protagonizado por Neil Amstrong, comandante de la
misión Apolo 11 y primer ser humano que pisó nuestro satélite.
Efectivamente, tal como predijo J.F.K., el camino no fue fácil, pero si
nos hacemos eco de la famosa frase de Cervantes “la experiencia es fruto
de una acumulación de fracasos”, el precio de los errores acumulados y
los enormes costos en recursos económicos y humanos, tuvieron finalmente
su recompensa.
Hoy en día, medio siglo después, siendo testigos de un sinfín de
desgracias aéreas, no nos cansamos de reiterar la importancia de la
investigación, del control de calidad y de los programas de ensayos
funcionales bajo condiciones climáticas extremas a los que es necesario
someter a todos los materiales, mecanismos y sistemas aeroespaciales,
con el fin de asegurarse de su correcto funcionamiento en condiciones
reales y evaluar su resistencia y fiabilidad previamente a los
lanzamientos, con el fin de evitar costos innecesarios y la pérdida de
vidas humanas.
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