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La nave espacial Voyager 1 ha
experimentado tres “ondas de tsunami” en el espacio interestelar. Estas
ondas hacen que la materia ionizada circundante suene como una campana |
Desde el año 2012, la nave espacial Voyager 1 ha experimentado tres
“ondas de tsunami” en el espacio interestelar. Según los nuevos datos,
la más reciente, que llegó a la nave espacial a principios de este año,
se está propagando hacia el exterior. De todas las ondas de choque que
han visto los investigadores en el espacio interestelar, esta es la que
más ha durado.
“La mayoría de las personas pensarían que el medio interestelar es
tranquilo y silencioso. Pero estas ondas de choque parecen ser más
comunes de lo que pensamos”, dijo Don Gurnett, profesor de física de la
Universidad de Iowa. Gurnett presentó los nuevos datos el lunes 15 de
diciembre en la reunión de la Unión Geofísica Estadounidense, que tuvo
lugar en San Francisco.
La “onda de tsunami” se produce cuando el Sol emite una eyección de masa
coronal, arrojando así una nube de plasma magnética desde su superficie.
Esto genera una onda de presión. Cuando la onda ingresa al plasma
interestelar (las partículas cargadas que se hallan en el espacio que
hay entre las estrellas), se produce una onda de choque que altera el
plasma.
“El tsunami hace que el gas ionizado que está allí afuera resuene; que
“cante” o vibre como una campana”, dijo Ed Stone, científico del
proyecto de la misión Voyager, con base en el Instituto de Tecnología de
California.
Esta es la tercera onda de choque que ha experimentado la nave espacial
Voyager 1. El primer evento se produjo entre octubre y noviembre de
2012, y la segunda onda, entre abril y mayo de 2013, reveló una densidad
del plasma incluso mayor. Voyager 1 detectó el evento más reciente, en
febrero, el cual todavía se está produciendo, desde que se reunieron los
datos en noviembre. La nave espacial se ha movido hacia afuera 400
millones de kilómetros durante el tercer evento.
“Este destacable encuentro provoca preguntas que estimularán nuevos
estudios sobre la naturaleza de los choques en el medio interestelar”,
expresó Leonard Burlaga, un astrofísico emérito del Centro Goddard para
Vuelos Espaciales de la NASA, que analizó los datos vinculados con el
campo magnético, los cuales fueron la clave para llegar a estos
resultados.
La segunda onda del tsunami ayudó a los investigadores a determinar, en
el año 2013, que la nave espacial Voyager 1 había abandonado la
heliosfera, la burbuja que creó el viento solar y que incluye al Sol y a
los planetas de nuestro sistema solar. Los “anillos” de plasma denso, a
una frecuencia mayor, y el medio a través del cual voló Voyager,
resultaron ser 40 veces más densos que lo que se había medido
previamente. Esto fue clave para llegar a la conclusión de que Voyager
había ingresado a una frontera en la cual ninguna nave espacial había
estado antes: el espacio interestelar.
“La densidad del plasma es mayor a medida que Voyager se aleja más”,
dijo Stone. “¿Eso se debe a que el medio interestelar es más denso a
medida que Voyager se aleja de la heliosfera, o se debe a la onda de
choque misma? Todavía no lo sabemos”.
Gurnett, principal investigador del instrumento para las ondas de plasma
en Voyager, espera que dichas ondas de choque se propaguen más lejos en
el espacio, quizás incluso al doble de la distancia que hay entre el Sol
y el sitio donde la nave espacial se encuentra justo ahora.
Voyager 1 y su gemela, Voyager 2, fueron lanzadas con 16 días de
diferencia, en el año 1977. Ambas naves espaciales sobrevolaron Júpiter
y Saturno. Asimismo, Voyager 2 sobrevoló Urano y Neptuno. Voyager 2 fue
lanzada antes que Voyager 1, y es la nave espacial que más tiempo ha
estado en funcionamiento. Se espera que ingrese al espacio interestelar
dentro de pocos años.
Fuente: NASA
science.nasa.gov
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