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El término "castabilidad" está comúnmente asociado a una resistencia
especial a las altas temperaturas, así como también a las cualidades
refractarias de diversos materiales empleados en la industria.
Así, los aceros inoxidables altamente castables, por el hecho de
resistir temperaturas más elevadas, son más dúctiles, más resistentes a
la corrosión y soldables. Su composición aproximada, según las patentes,
suele ser: 22% al 26% de cromo, 20% a 30% de níquel, 2,5% a 5% de
molibdeno, 1,3% a 2,7% de silicio, 0,15% a 0,3% de boro, 2% de
manganeso, 0,07% de carbono y el hierro de equilibrio con impurezas
incidentales.
Podemos decir que existen patentes en diversos países para este tipo de
aleaciones específicas, especialmente en EEUU.
Además de la vulnerabilidad de los aceros inoxidables frente a
determinados ambientes químicamente activos, tales como el clima marino,
uno de los riesgos de corrosión más significativos se encuentra en las
zonas de transición de las soldaduras, en las cuales la elevación de la
temperatura por la aplicación de calor, conlleva a la pérdida de las
cualidades inoxidables iniciales.
Las zonas afectadas se detectan fácilmente por su cambio de color.
El problema de la corrosión en las zonas de transición de las soldaduras
se minimiza sustancialmente utilizando un tipo de acero inoxidable
denominado “altamente castable”.
Pese a todo, cuando las piezas acabadas con procesos de soldadura se
someten a la acción de ambientes corrosivos extremos, sus zonas de
transición son las que tienen mayor riesgo de corrosión; cuestión por la
cual es preceptiva la realización de ensayos de laboratorio para evaluar
la resistencia a la corrosión, tarea que se lleva a cabo con las cámaras
climáticas de ensayos acelerados por niebla salina.
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