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La corrosión filiforme es un tipo de degradación metalúrgica que se
manifiesta mediante la aparición de filamentos.
Usualmente se produce en ambientes húmedos y es más común en sustratos
de recubrimientos orgánicos, tales como los lacados aplicados sobre
acero, aluminio, magnesio y cinc (acero galvanizado). A veces, se
desarrolla en aceros desnudos sobre los cuáles se han depositado
accidentalmente pequeñas cantidades de sales contaminantes. También se
ha observado en delgados depósitos electrolíticos de estaño, plata,
cobre, etc.
El formato de los filamentos puede presentar una amplia variedad de
configuraciones, desde las nodulares (caso del aluminio) a los muy finos
y bien definidos observados debajo de las lacas transparentes aplicadas
sobre acero.
El ancho de los filamentos va desde 0,05 hasta 0,5 mm, y en condiciones
de laboratorio, pueden crecer a una velocidad prácticamente constante
(entre 0,01 y 1 mm) durante largo tiempo.
La corrosión filiforme se desarrolla a humedades relativamente altas y
temperaturas próximas a la ambiental. Ciertas propiedades de los
recubrimientos, tales como la adherencia, también influyen en la
extensión del área afectada.
Aunque no se conoce con exactitud el proceso desencadenante, parece que
podría derivarse del grado de permeabilidad del oxígeno difundido a
través del recubrimiento. A muy alta humedad relativa, o en contacto con
agua condensada, este tipo de corrosión pasa rápidamente de tener un
carácter filamentoso a transformarse en un proceso corrosivo
generalizado.
Los ensayos de corrosión filiforme se realizan con equipos de
laboratorio denominados cámaras de ensayos climáticos.
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