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Los materiales cerámicos son altamente resistentes a la corrosión en la
mayoría de medios, especialmente a temperatura ambiente, pese a estar
constituidos por combinaciones de elementos metálicos y no metálicos.
Las cerámicas son productos ya quemados y corroídos y, en consecuencia,
no pueden someterse a otra degradación de este tipo (oxidaciones,
combustiones y corrosiones) constituyendo unos excelentes materiales
inoxidables y refractarios. Por este motivo, se utilizan materiales
cerámicos en aquellos casos donde se requiere una elevada estabilidad y
resistencia a la corrosión a altas temperaturas.
Los materiales cerámicos refractarios, además de ser aislantes térmicos
y estables a altas temperaturas, deben resistir el ataque de diversos
agentes agresivos, como los que se encuentran en diversas sales o en las
escorias. También se utilizan sistemáticamente vidrios y otros
materiales cerámicos cuando se requiere una altísima estabilidad térmica
a temperaturas muy elevadas.
Los carburos y nitruros de metales de transición son químicamente
estables a temperatura ambiente pero muestran algún ataque en soluciones
concentradas de ácido.
Los materiales vítreos se corroen, principalmente, por la acción de
medios acuosos. En general, los vidrios con altos contenidos en sílice
(>96% SiO2), así como los basados en aluminosilicatos o en
borosilicatos, muestran excelente resistencia a la corrosión en una
amplia variedad de medios corrosivos. Los vidrios basados en silicatos
son menos resistentes en soluciones alcalinas que en soluciones ácidas.
A escala de laboratorio es posible evaluar la resistencia de los
materiales cerámicos frente a la corrosión, mediante las cámaras de
ensayos de corrosión acelerada por soluciones químicamente activas.
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