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Nuevos datos proporcionados por la nave espacial AIM (Aeronomy of Ice in
the Mesosphere de la NASA, han revelado “teleconexiones” en la atmósfera
de la Tierra, las cuales se extienden desde el Polo Norte hasta el Polo
Sur y viceversa vinculando de este modo el estado del tiempo y el clima
más estrechamente que lo que la simple geografía podría sugerir.
Según Cora Randall, de la Universidad de Colorado, “han descubierto que
la temperatura del aire en invierno, por ejemplo en Indianápolis
(Indiana), está muy relacionada con la frecuencia de las nubes
noctilucentes sobre la Antártida”.
Las nubes noctilucentes son las nubes más altas de la Tierra. Se forman
en el borde del espacio, a 83 kilómetros por encima de las regiones
polares de nuestro planeta, en una capa de la atmósfera llamada
mesosfera. “Sembradas” por el humo de los meteoros, las NLC están
compuestas de pequeños cristales de hielo que brillan en color azul
eléctrico cuando la luz del Sol pasa a través de las partes superiores
de las nubes.
La nave AIM fue lanzada en el año 2007 con el propósito de investigar
estas nubes que “brillan de noche”, y así descubrir cómo se forman y
conocer su química interna. Sin embargo, como suele suceder cuando se
explora lo desconocido, los investigadores descubrieron algo que ni
siquiera estaban buscando: Teleconexiones.
“Fue una sorpresa”, afirma el profesor de ciencias atmosféricas y
planetarias de la Universidad Hampton, James Russell, investigador
principal de la misión AIM. “Hace algunos años, cuando estábamos
planificando la misión, nuestra atención estaba centrada en una estrecha
capa de la atmósfera donde se forman las NLC. Ahora, estamos
descubriendo que esta capa manifiesta evidencia de conexiones de larga
distancia en la atmósfera, lejos de las NLC mismas”.
Una de estas teleconexiones vincula la estratosfera del Ártico con la
mesosfera de la Antártida.
“Los vientos estratosféricos que soplan sobre el Ártico controlan la
circulación en la mesosfera”, explica Randall. “Cuando los vientos
estratosféricos del Norte se desaceleran, un efecto de ondas que se
produce alrededor del globo provoca que la mesosfera del Sur se torne
más cálida y seca, lo que ocasiona menos NLCs. Cuando los vientos del
Norte se restablecen, la mesosfera del Sur se torna más fría y húmeda, y
regresan las NLC”.
Este enero, una época del año en la cual generalmente abundan las NLC en
el Sur, la nave espacial AIM observó una repentina e inesperada
disminución de las nubes. Es interesante destacar que, aproximadamente
dos semanas antes, los vientos en la estratosfera del Ártico se vieron
absolutamente alterados, lo que llevó a un vórtice polar distorsionado.
“Creemos que esto disparó un efecto de ondas que llevó a una reducción
de la cantidad de nubes noctilucentes en la mitad del mundo”, dice Laura
Holt, del Laboratorio de Física Atmosférica y del Espacio de la
Universidad de Colorado. “Este es el mismo vórtice polar que ganó los
titulares este invierno (boreal), cuando partes de Estados Unidos
experimentaron frío y hielo extremos”.
El retardo de dos semanas es, aparentemente, el tiempo que le toma a la
señal de teleconexión propagarse a través de tres capas de la atmósfera
(la troposfera, la estratosfera y la mesosfera) y de un polo al otro.
Fuente: NASA
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