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Desde los tiempos medievales en los cuales los guerreros y nobles usaban
armaduras de protección corporal fabricadas en plancha moldeada de acero
y cotas de mallas, la evolución de los medios de seguridad ha venido
sufriendo importantes cambios, fruto de una importantísima evolución
tecnológica.
En la era moderna, desde los antiguos chalecos personales y trajes
integrales de artificieros de desactivación de explosivos, de elevado
peso y volumen, hasta los actuales de gran ligereza y eficacia, los
medios empleados han venido siendo muy cambiantes: empleo de fibras
textiles, composites, materiales inteligentes que se modifican con la
naturaleza de los impactos, etc.
Nano-materiales en balística
En la actualidad, hay una serie de métodos por los que los
nano-materiales se están empleando en la producción de armaduras
corporales. El primero, desarrollado en la Universidad de Delaware, está
basado en nano-partículas introducidas dentro de los chalecos, las
cuales se vuelven lo suficientemente rígidas como para proteger al
usuario en el instante en que el impacto supera un umbral de energía
cinética. Estos materiales se han descrito como fluidos de espesamiento
de cizalla y han sido autorizados por los sistemas BAE.
En 2005 una compañía israelí, ApNano, desarrolló un material que siempre
estaba rígido. Se anunció que este nano-compuesto basado en nano-tubos
de disulfuro de tungsteno fue capaz de resistir a los choques generados
por un proyectil de acero impulsado a velocidades de hasta 1,5 km/s. El
material también es capaz de soportar presiones de choque generadas por
otros impactos de hasta 250 toneladas por centímetro cuadrado. Durante
las pruebas, el material resultó ser tan fuerte que después del impacto
se mantuvo esencialmente inalterable. Además, un reciente estudio
realizado en Francia probó el material frente a impactos de hasta 350
T/cm2, obteniendo los mismos resultados.
A mediados de 2008 se empezaron a fabricar nano-armaduras basadas en la
seda de la tela de araña para fabricar chalecos antibalas basados en una
fibra de carbono tejida a partir de nanotubos de carbono que se
desarrolló en la Universidad de Cambridge y tiene el potencial para ser
utilizado como armadura.
Tanto los militares británicos como los estadounidenses han expresado su
interés en este producto.
Las cámaras climáticas no solo se usan para determinar la eficacia de
los sistemas de seguridad corporal bajo diversas condiciones
climatológicas, sino también, por ejemplo, para acondicionar la
plastilina ROMA utilizada para la absorción de impactos, según las
normas NIJ 0101-06 y HOSDB Parte 2.
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