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Dentro de la terminología empleada en Control de Calidad, nos solemos
encontrar con la necesidad de poder cuantificar ponderadamente los
riesgos inherentes a la exposición climática de materiales vulnerables
tales como los aceros, cuyo mayor riesgo ambiental se traduce en un
determinado grado de corrosión. Esto se consigue con el establecimiento
de una escala ponderada de los diversos potenciales atmosféricos de
corrosividad, cuestión que es cometido de las entidades normalizadoras.
La norma
Iberdrola NI 00.06.51 94-11 realiza una comparación entre los grados de
corrosión explicitados en las normas ISO 9223 y la CEI 815.
Así,
estas normas contemplan la clasificación de ambientes corrosivos según
las categorías de corrosividad del acero al carbono en función de la
relación polución/humedad con la acción combinada del cloro y el azufre
(cloruros marinos y gas sulfuroso).
Son 6 los
tipos de ambientes y sus correspondientes grados de corrosividad a tener
en cuenta, los cuales van desde el nivel bajo y medio, hasta el severo y
muy severo respectivamente, según la siguiente relación:
RS:
Ambiente rural seco --- Grado de corrosividad bajo.
RH:
Ambiente rural húmedo --- Grado de corrosividad medio.
IS:
Ambiente industrial seco --- Grado de corrosividad medio.
IH:
Ambiente industrial húmedo --- Grado de corrosividad severo.
M:
Ambiente marino --- Grado de corrosividad severo.
IM:
Ambiente marino e industrial --- Grado de corrosividad muy severo.
Estos
grados son coincidentes con la norma ISO 9223, la cual efectúa además
una ponderación que va de la C1 a la C5, y con la norma CEI, cuya
ponderación se corresponde con una valoración en orden numérico
creciente del 1 al 4.
Para
determinar el grado de resistencia a la corrosión de los aceros bajo
dichas normas, se utilizan las cámaras de ensayos de laboratorio, en las
cuales se recrea el medio corrosivo ambiental objeto de estudio. Nos
referimos a las cámaras de niebla salina de cloruro sódico y a las
cámaras Kesternich de atmósferas de SO2.
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