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Si ya en el caso de los hormigones modernos la corrosión de las
armaduras de acero representa una de las más importantes preocupaciones
de los ingenieros, cuando hablamos del uso de viguetas con alto
contenido en alúmina, vulnerables a los agentes atmosféricos, como las
que fueron utilizadas entre los años 1950 y 1980, entonces las
consecuencias pueden ser realmente graves. Nos referimos a la
aluminosis.
Como curiosidad cabe citar la afectación por aluminosis del estadio
Vicente Calderón, que obligó a reforzar las estructuras con puntales de
acero en el año 1992, y en el año 1996 al cambio de las localidades de
cemento por las actuales.
La
alúmina, u óxido de aluminio (Al2O3), cuya estructura cristalina es
hexagonal, de muy pequeño tamaño y muy vulnerable a los agentes
químicos, es la responsable de la “enfermedad” denominada aluminosis,
caracterizada por un proceso de descomposición acelerado que pone en
riesgo la resistencia de las vigas, pudiendo incluso llegar a provocar
el derrumbamiento de los edificios.
La
aluminosis consiste en un proceso químico de pérdida de volumen que
genera un hormigón poroso, con disminución de su resistencia y que
facilita que la humedad y los agentes corrosivos se introduzcan en el
interior de las vigas generando procesos destructivos tales como:
Corrosión
por carbonatación:
Al reaccionar el CO2 atmosférico con los silicatos alumínicos se
modifica su resistencia y sobre todo el PH del cemento, el cual reduce
la protección alcalina de la armadura metálica, acelerando la corrosión.
Corrosión
salina:
La brisa marina húmeda saturada de cloruro sódico, o la utilización de
agua de fraguado con abundancia en cloruros, como es el caso de los
freáticos cercanos al mar, produce igualmente la destrucción de las
armaduras de acero.
Corrosión
sulfúrica:
La provocada por la disociación del SO2 existente en las atmósferas
urbana e industrial en presencia de humedad.
Acción
corrosiva de la humedad:
Tanto en el exterior como en el interior de las viviendas, cocinas y
cuartos de baño, donde pequeñas fugas de agua facilitan la corrosión de
las viguetas de los solados.
Hemos
empleado en este artículo el calificativo de edificaciones defectuosas,
porque si en aquellos tiempos se hubieran empleado métodos de control de
calidad de las edificaciones eficientes, esto se podría haber evitado.
Hay que
destacar que para determinar el grado de resistencia de los materiales
de construcción bajo dichas condiciones, el autor ha diseñado cámaras
de ensayos de simulación, en las cuales se recrea el medio corrosivo
ambiental objeto de estudio. Nos referimos a las cámaras de niebla
salina marina, a las cámaras de carbonatación y a las cámaras Kesternich
de atmósferas de SO2 y CO2 (gases emitidos por los combustibles
derivados del petróleo ionizados en la humedad ambiental y en la
lluvia).
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