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Corrosión del Zn en la edificación. Cámaras de niebla salina

 

La corrosión de las cubiertas de Zinc empleado en la edificación se produce por efecto de las condiciones climáticas y la contaminación atmosférica.

 

La corrosión puede manifestarse de interior a exterior o a viceversa, lo que significa que puede provenir de orígenes  totalmente distintos.

 

La atmósfera está mucho más contaminada en nuestra época actual que hace 50 años, cuestión por la cual se deberían de tomar debidas precauciones. Sabemos que el zinc se comercializa en diferentes grosores; para cubierta se pueden considerar desde 0,65 mm a 0,8 mm. 

 

Conociendo las propiedades naturales del metal, podemos concluir en que la chapa por sí sola no terminaría siendo muy longeva, pero sí tiene esa particularidad el zinc que es la de auto-protegerse. En contacto con el aire seco el zinc se conserva  a temperatura ordinaria. En el aire húmedo se cubre de una película gris, que preserva las capas inferiores de ulterior oxidación. Esta película está formada por una capa de hidróxido y metal; al cabo de algún tiempo toma color blanco por la acción del ácido carbónico, formándose carbonato hidratado. Este se adhiere bien, pero es soluble al agua que contenga anhídrido  carbónico y amoniaco. 

 

La oxidación del zinc es tanto mayor cuanta más gruesa es su estructura cristalina. Como producto secundario se forma peróxido de hidrógeno. El aire en movimiento oxida más el zinc que el aire en reposo. Según la proporción de gas carbónico que contenga, el aire húmedo actúa con distinta intensidad, la acción es más enérgica en presencia de gas sulfuroso.

 

El hierro que queda al descubierto puede ser causa de que se acelere la destrucción de una cubierta de zinc.

 

Si tenemos en cuenta que la capa se crea desde el propio metal en su superficie, es fácil despejar que la chapa pierde grosor de metal virgen y  por tanto densidad y resistencia, si la atmósfera es agresiva (dependiendo de la zona en que esté situada la cubierta), se debería de emplear un zinc más grueso dentro de la escala.

 

Por otra parte, sería muy conveniente el dar pendientes pronunciadas a los faldones, de esta manera la cubierta se va a auto-limpiar, la fuerza del agua de lluvia va a arrastrar en su recorrido los depósitos sólidos que pueda haber almacenados sobre la chapa.  A menor pendiente más posibilidades  hay  que se vayan creando depósitos sólidos que pueden contener sustancias agresivas, por otra parte son altamente higroscópicos  y puede activar la corrosión del metal.  Tal efecto destructor, que sobre las superficies metálicas opera el moho  producido por la humedad y el ácido carbónico contenido en el agua y en el aire,  en contacto con el zinc. 

 

La oxidación de los metales, es tanto más activa cuanto mayor es el grado higrométrico y más elevada la temperatura y se acelera rápidamente por acciones galvánicas que consumen rápidamente el metal. Tales causas son las principales que se han de procurar  evitar o contrarrestar. La acción galvánica no solamente se  produce entre metales distintos: partes distintas de un mismo trozo de metal, debido a diferencias de densidad etc.

 

Ante la imposibilidad de proyectar fuertes pendientes, se debería de acudir a una chapa de más grosor y  no estaría de menos el hacer limpiezas periódicas de la cubierta durante los primeros años de vida, pues sabemos que una vez creada la pátina ella misma va a oponer más resistencia y contaremos con un grosor mayor de chapa virgen.

 

 Otro factor importante a tener en cuenta es la proximidad de chimeneas de calefacción de gasoil, o industrias cercanas que puedan emitir gases contaminantes. Muchas veces nos encontramos con chimeneas sobre la propia cubierta que emiten estos gases y son altamente destructivos pues los residuos sólidos que transportan van a caer sobre la cubierta y sin duda van a causar corrosiones.

 

Es de destacar que para ensayar a escala de laboratorio la resistencia a la corrosión de las cubiertas de Zinc, se emplean las cámaras de niebla salina, las cámaras de Kesternich y las cámaras climáticas.

 

Fuente: Cumalsa.

 

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