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El
científico dedicado a las investigaciones del Artico Charles Miller, del
Laboratorio de Propulsión a Chorro, de la NASA, examina la extensión
blanca de la tundra y el permafrost (la capa del suelo que está
permanentemente congelada en las regiones polares), que se encuentra
debajo.
CARVE es
el acrónimo en idioma inglés de "Carbon in Arctic Reservoirs
Vulnerability Experiment" (Experimento de Vulnerabilidad de los
Depósitos de Carbono del Ártico). Ahora, en su tercer año, la campaña
aérea está poniendo a prueba la hipótesis de que los depósitos de
carbono del Ártico son vulnerables al calentamiento, mientras que
entrega los primeros mapas de los gases de efecto invernadero, el
dióxido de carbono y el metano. Más de 20 científicos de 12
instituciones participan en este proyecto.
"El
Artico es fundamental para la comprensión del clima global", dice
Miller. "El cambio climático ya está ocurriendo en el Ártico, más
rápidamente que lo que los ecosistemas pueden adaptarse. Observar el
Ártico es como observar a un canario en una mina de carbón de todo el
sistema de la Tierra (porque sirve de advertencia)".
Durante
cientos de miles de años, el permafrost del Ártico ha acumulado grandes
reservas de carbono orgánico (se estima que de 1,4 a 1,85 billones de
toneladas métricas). Eso es aproximadamente la mitad de todo el carbono
orgánico estimado que se encuentra almacenado en los suelos de la
Tierra. En comparación, cerca de 350 mil millones de toneladas métricas
de carbono se han emitido debido a toda la combustión de combustibles
fósiles y las actividades humanas desde el año 1850. La mayor parte del
carbono del Ártico se encuentra en suelos ubicados dentro de los 3
metros de la superficie, los cuales son vulnerables al deshielo.
Pero,
según lo que los científicos están averiguando, es posible que el
permafrost y su carbono almacenado no sean tan permanentes como su
nombre indica. Y eso les preocupa.
"El
permafrost se está calentando más rápidamente que la temperatura del
aire del Ártico (tanto como de 1,5 a 2,5 grados centígrados en tan sólo
los últimos 30 años)", señala Miller. "Cuando el calor de la superficie
de la Tierra penetra en el permafrost, amenaza con movilizar estas
reservas de carbono orgánico y liberarlo a la atmósfera en forma de
dióxido de carbono y metano, alterando de este modo el equilibrio del
carbono del Ártico y agravando enormemente el calentamiento global".
Los
vuelos de campaña del CARVE se realizan a bordo de un avión C-23 Sherpa,
con instrumentos especiales, de la NASA, que despega desde las
Instalaciones de Vuelo Wallops (Wallops Flight Facility), de la NASA, en
la isla Wallops, Virginia.
El C-23
vuela a unos 150 metros sobre el nivel del suelo, con subidas periódicas
a altitudes superiores para recopilar datos de fondo. Instrumentos
sofisticados "huelen" la atmósfera en busca de gases de efecto
invernadero. "Nosotros tenemos que volar muy cerca de la superficie del
Artico para capturar los intercambios interesantes de carbono que tienen
lugar entre la superficie de la Tierra y la atmósfera", relata Miller.
Es de
destacar que las cámaras de simulación climática permiten recrear a
escala de laboratorio las condiciones ambientales extremas existentes en
el Ártico y bajo atmósferas variables de CO2; con lo cual es posible la
realización de investigaciones relacionadas con el cambio climático.
Fuente:
NASA (Ruth Netting)
www.ciencia.nasa.gov
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