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Los
airbags son mecanismos de seguridad muy importantes para proteger a las
personas frente a los impactos producidos por colisión.
Estos
dispositivos están formados por los siguientes sistemas:
Una bolsa
(bag) o cojín inflable, fabricado en nailon, el cual está plegado en el
centro del volante, en el salpicadero o en cualquier otro lugar donde
sea necesario introducir un efecto amortiguador del golpe.
Un
detector de impacto que determina cuándo se produce un choque y activa
el inflado del airbag.
Un
sistema de inflado, basado en una reacción química que se produce de
modo casi explosivo y da lugar a un gran volumen de gas nitrógeno. Esta
reacción es activada por un sistema eléctrico controlado por el detector
de impacto.
Los gases
producidos de modo explosivo alcanzan suficiente presión como para
inflar el airbag en 20 centésimas de segundo. La rapidez del proceso es
tal, que el volumen de gas producido hace que el airbag salga de su
alojamiento a una velocidad de 300 km/h.
Instantes
después de que el airbag se infle, el gas producido comienza a disiparse
a través de pequeños orificios existentes en la tela. De este modo, el
airbag se desinfla permitiendo la movilidad de los ocupantes.
El
generador de gas que se utilizó en los primeros airbags fue la azida de
sodio. Se trata de una sustancia tóxica que se transforma en nitrógeno
inocuo cuando se hincha el airbag. No obstante, esta sustancia convierte
a los airbags no utilizados en un problema potencial para el
medioambiente, además de un riesgo para la salud de los operarios que
realizan las labores de desmontaje y reciclado.
Para
evitar este problema se están desarrollando airbags de nueva generación
que utilizan compuestos sustitutivos sostenibles, tales como los
derivados de la nitroguanidina, eliminando así la utilización de la
azida de sodio tóxica.
En la
actualidad se está trabajando en diversos proyectos tendentes a la
homogeneización de productos respetuosos con el medioambiente en todo el
sector de la industria automovilística internacional.
Es de
destacar que las condiciones climáticas variables influyen muy
sustancialmente en el funcionamiento de los airbags; de ahí la
importancia de efectuar ensayos funcionales y de durabilidad a escala de
laboratorio, mediante la utilización de cámaras climáticas de
simulación.
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