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El pez
cebra está resultando un serio competidor de las cobayas de laboratorio
para investigación científica. Un pececillo de unos cinco centímetros de
largo con unas características rayas longitudinales semejantes a las de
las cebras.
Es tal la
importancia del descubrimiento, que la revista Nature ha publicado dos
trabajos de investigación: la culminación de su genoma completo y el
estudio de diversas especies de peces cebra mutantes muy útiles para la
investigación de innumerables enfermedades humanas.
Este pez
cuenta con numerosas ventajas frente a otros animales de laboratorio,
como ratones, moscas, etc. Es transparente (lo que permite visualizar
claramente la evolución de experimentos), pone más de 500 huevos por
desove, (lo que genera mayor capacidad estadística con menor esfuerzo) y
el embrión se forma en unas 24 horas, (lo que facilita la obtención de
resultados con un ahorro de tiempo extraordinario).
Como
siempre, la comunidad científica internacional comparte libremente los
resultados obtenidos en la red, “open access” poniendo su mapa genético
completo al alcance de todos.
El pez
cebra y los humanos comparten el 70% de la información genética y más
del 80% de los genes responsables de enfermedades.
Para
estudiar la incubación de huevos y el ciclo biológico de los peces en
función de las diversas condiciones climáticas posibles, se utilizan las
cámaras climáticas de incubación de laboratorio, las cuales pueden ser
de pequeño formato compacto, individuales, o dispuestas en batería, para
trabajos múltiples selectivos.
En este
tipo de cámaras se controla la temperatura, el fotoperiodo lumínico y el
flujo de oxigenación de las peceras, mediante dispensadores por
burbujeo.
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