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El estaño
es un metal muy resistente a la corrosión, lo cual hace que sea un
elemento ideal como revestimiento protector de metales. Más del 50% de
la producción mundial de estaño se utiliza para proteger la base de
acero de la corrosión externa (condiciones aeróbicas) e interna cuando
está en contacto con alimentos (condiciones anaeróbicas).
Bajo las
condiciones anaeróbicas esperadas en el interior de una lata sin
revestimiento interno de alimentos procesados, el estaño se comportará
normalmente como el ánodo sacrificial, disolviéndose muy lentamente y
protegiendo al mismo tiempo la base de acero de la corrosión y creando
un entorno de reducción en la lata.
Este
mecanismo es el que ha permitido que el envase de hojalata sin
revestimiento mantenga su larga historia y prestaciones demostradas
proporcionando alimentos sanos durante todo el año y conservación segura
durante largos períodos de tiempo.
Es de
destacar, no obstante, que también el estaño puede contaminar los
alimentos, como cualquier metal pesado, cuestión por la cual es
importante asegurarse de que no pasa a la cadena alimentaria.
Para
evitarlo es importante asegurarse de que no se rompa la propia barrera
del revestimiento, en forma de corrosión.
Para
ensayar las latas de conservas alimentarias en general, a escala de
laboratorio, se emplean las cámaras de ensayos acelerados de corrosión
por niebla salina, conforme a las normas internacionales publicadas por
los organismos certificadores de cada país, como es el caso en España
de la entidad AENOR, la cual tiene publicada la norma UNE-EN ISO 9227.
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