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Para estudiar a escala de laboratorio la resistencia atmosférica de los
equipos electrónicos, sus componentes y sus revestimientos de
protección, se utilizan las cámaras de ensayos de corrosión acelerada.
Los procedimientos se realizan bajo normas internacionales, las cuales
son adoptadas por los diversos países y traducidas a sus respectivos
idiomas. Su cumplimiento garantiza la intercomparación universal de los
resultados.
Los ensayos más antiguos y que siguen siendo los más comunes en la
actualidad, están basados en la permanencia de las probetas, bien en
atmósferas húmedas de cloruro sódico atomizado a temperatura controlada,
o bajo diversas condiciones ambientales contaminadas, durante
determinados periodos de tiempo.
No obstante en la actualidad, cada vez es mayor el número de sectores
que demandan normas basadas en ensayos combinados de ciclos repetitivos
formados por periodos de spray salino, seguidos de periodos de secado
controlado y posterior humidificación. Estos ensayos reproducen mucho
más fielmente la realidad que los anteriores.
Como de lo que se trata es de reproducir a escala de laboratorio lo que
sucede en la vida real, es totalmente válida la observación siguiente:
Se corroe menos el ancla de un barco hundido, sumergida en el mar, que
el ancla de un buque operativo (votar y zarpar, repetitivamente),
sometida a los ciclos ambientales diarios, con fases de niebla salina,
secado y alta humedad, conjuntamente con las variaciones térmicas entre
la noche y el día.
La función fundamental de las cámaras de corrosión es la de exponer a
los metales, sus aleaciones y sus recubrimientos, a la acción de una
niebla salina formada por soluciones acuosas neutras de cloruro sódico
al 3,5%, la cual representa la concentración media del agua del mar en
el planeta, aunque otras concentraciones son también utilizadas.
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