CAMARAS DE ENSAYOS - CCI CONTROL DE CALIDAD

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Corrosión en medios acuosos. Cámaras de niebla salina

 

Las aguas naturales que forman parte de nuestro planeta, al tomar contacto permanente con los minerales procedentes de los sustratos geológicos que en variable proporción se encuentran en la tierra, tienen la propiedad de disolver un gran número de sustancias diversas, haciendo que su actividad evolucione constantemente.
 

Dentro de dichas sustancias, podemos decir que las más abundantes son los iones, cationes como Ca²+, Mg²+, Na+, Fe²+, etc., y aniones como HCO-3, CO23; SO24 Cl-, etc., además de determinadas cantidades de gases disueltos tales como, O2, CO2, etc. e incluso H2S, en el caso de zonas volcánicas.

 

El grado de corrosividad de un agua depende de su potencial electroquímico, es decir, de su capacidad para conducir la corriente eléctrica. Así, un agua poco conductora ocasionará que la actividad de los pares galvánicos de corrosión que se pueden formar en la misma sea pequeña debido a que el potencial de oxidación-reducción (REDOX) formado es muy bajo. Consecuentemente su resistividad es elevada.

 

Por el contrario, en el agua de mar, cuya conductividad es muy alta por la gran cantidad de iones presentes, la actividad de los procesos de corrosión es tan alta, que en espacios de tiempo muy cortos se pueden originar fenómenos de corrosión muy considerables.

 

Es importante destacar que existen aguas químicamente activas, procedentes de residuos industriales cuyo grado de corrosividad frente a los metales varía en función de su composición y de otros factores, tales como la concentración de oxígeno disuelto, el pH, la temperatura, etc.

 

El agua de mar se caracteriza por la gran estabilidad de sus propiedades fisicoquímicas y sobre todo por su salinidad, cuya concentración media en los mares y océanos de la Tierra es de aproximadamente 35 gr/l; excepto en el Mar Muerto, que es casi 10 veces mayor (280 gr/l).

 

Entendemos por salinidad, el porcentaje en peso de sales contenido en 1 kg de agua.

 

El grado de salinidad se determina evaporando 1 kg de agua, pesando el residuo seco y obteniendo el correspondiente porcentaje.

 

En el campo de la alta tecnología cada vez es más común el requerimiento de obtener materiales capaces de resistir las condiciones ambientales más extremas.

 

Podemos decir que la industria de automoción, como ejemplo emblemático, exige cada vez requisitos más exigentes para el ensayo de resistencia a la corrosión de los componentes en contacto con el motor, frente al agua salina caliente.

 

Efectivamente este tipo de componentes pueden estar expuestos, no solo a las salpicaduras de agua con sal existente en determinadas ocasiones en algunas carreteras y zonas marítimas, sino también a las elevadas temperaturas conducidas por el calor generado en los motores de combustión.

 

Una vez más, podemos reiterar que la industria del automóvil está siempre a la vanguardia de la normalización en materia de control de calidad, circunstancia que es aprovechada por otros sectores industriales cuyos componentes son expuestos a la intemperie bajo condiciones ambientales semejantes.

 

Antiguamente los ensayos de corrosión por niebla salina se realizaban a temperaturas de 35ºC. Posteriormente se añadieron fases de alta humedad y baja humedad con repetición de ciclos, y recientemente, en las nuevas normativas ya se empiezan a contemplar temperaturas de 70ºC e incluso de hasta 80º C.

 

Esta alternancia de las fases de niebla salina combinadas con periodos climáticos de altas y bajas humedades, en ciclos repetitivos, supone una economía de tiempo, de costes, y de mejoras de calidad tan considerables para la industria auxiliar de componentes, que los proveedores que ya han empezado voluntariamente a realizar este tipo de ensayos, se destacan de su competencia. Esto hace augurar que, en un futuro próximo, todos los fabricantes de automóviles se adaptarán a las normativas más exigentes.

 

Las cámaras de corrosión actuales están adaptadas para cumplir todo tipo de normas nacionales e internacionales en vigor, tales como las ASTM- B 117, UNE- EN ISO 9227, DIN 50021, DIN 53167, DIN 50907, DIN 50017 y ISO 6270-2, etc., las cuales se pueden aplicar a todo tipo de materiales expuestos a ambientes corrosivos, como es el caso de la industria aeronáutica, naval, de automoción, etc. Todo ello considerado imprescindible para dar respuesta al requerimiento de selección de los materiales más apropiados para cada aplicación.

 

Dado que los materiales que prestan sus funciones en condiciones extremas, se verán necesariamente expuestos a cambios climatológicos de forma sistemática, es por lo que se hace obligado realizar ensayos de laboratorio. Para ello resultan imprescindibles las cámaras de corrosión cíclica de niebla salina.

 

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