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Cuando hablamos de corrosión del Níquel, hacemos referencia, no solo a
los recubrimientos electrolíticos de los aceros, tales como los
niquelados, sino también a sus aleaciones.
Dado que el primer efecto de la corrosión del Níquel es su disolución en
el medio que lo rodea, el problema consecuente no solo es la destrucción
de las propias estructuras protegidas, sino también el de la
contaminación sobrevenida por la consecuente liberación de dicho metal
pesado.
El níquel puede provenir, tanto de aleaciones con contenido de Ni, como
de accesorios niquelados o con recubrimientos de aleaciones de níquel y
cromo, y también pueden aparecer trazas procedentes de tuberías y
piecería de acero inoxidable.
La contaminación con níquel disminuye con el tiempo, debido a las
películas protectoras de oxido incipientes. Dado que el pH ácido es un
factor desencadenante de la corrosión, su elevación a valores alcalinos
debería reducir la contaminación por níquel disuelto.
Dadas las indeseadas consecuencias que pueden generar los procesos
corrosivos, es por lo que se hace obligado realizar ensayos de
laboratorio. Para ello resultan imprescindibles las cámaras de niebla
salina.
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