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Para determinar el grado de resistencia a la corrosión de los metales,
es necesario emplear criterios de ensayo unificados internacionalmente,
no solo con el fin de intercomparar datos y evaluar extrapolaciones
entre los resultados obtenidos en el laboratorio y la exposición a la
intemperie, sino también para poder documentar ante terceros, bajo
baremos medibles, la calidad de los productos.
Para ello es necesario emplear procedimientos de evaluación aplicables
universalmente y amparados por las normativas prescritas por los
organismos certificadores de cada país.
El país pionero en la normalización de la corrosión fue Estados Unidos
de América, el cual instrumentalizó la norma de ensayo de corrosión ASTM
B-117, la cual fue copiada por todos los países del mundo, con especial
mención a Europa.
España no podía ser menos y así normalizó esta línea de ensayos con la
noma UNE-EN ISO 9227, que es incluso mejorada.
En estas normas se hace referencia a las cámaras de corrosión acelerada
por niebla salina.
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