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Los factores climáticos que influyen en la corrosión no son inherentes
ni al tipo de material ni a la clase de protección, sino a las
condiciones atmosféricas existentes en el medio, bajo la influencia del
cual dichos materiales realizan sus funciones en las condiciones de
servicio asignadas.
Los factores de riesgo ambiental desencadenantes de la corrosión, se
pueden circunscribir por su mayor relevancia, a tres tipos de
atmósferas, a saber: atmósfera urbana, atmósfera industrial y atmósfera
marina.
En función de la proximidad al mar, la actividad del ambiente marino se
puede presentar en forma de inmersiones alternativas, salpicaduras por
el oleaje y niebla salina, la cual representa la máxima relevancia por
la gran extensión de influencia que abarca.
Las condiciones atmosféricas más adversas con las que nos podemos
encontrar son la densa niebla generada por el oleaje y el viento en
condiciones ambientales equilibradas de temperatura de agua y
temperatura de aire, condición responsable de elevar al máximo la
tensión de vapor del agua de mar.
Para investigar los efectos de la atmósfera marina se utilizan las
cámaras de ensayos de laboratorio denominadas cámaras de corrosión por
niebla salina. Este tipo de ensayos se rigen por una extensa variedad de
normas internacionales, de las cuales el referente originario es la
norma ASTM B-117, de la cual parten prácticamente todas las demás, con
ligeras variaciones, haciendo mención específica a la norma española
UN-EN ISO 9227.
Esencialmente, el ensayo consiste en atomizar una solución salina de
ClNa en agua, en una proporción equivalente a la salinidad media de los
mares de la tierra (aproximadamente 35 gr/l), en condiciones de
temperatura de atomización y temperatura de aire, respectivamente
controladas.
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