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En los países con climas predominantemente fríos, o en las regiones en
las cuales los inviernos alcanzan temperaturas inferiores a 0ºC, se
acostumbra a usar sal en el pavimento de las calles y carreteras con el
fin de bajar el punto de congelación del agua y evitar con ello la
formación del peligroso hielo.
La sal, además de producir el deterioro de las carrocerías y de los
componentes de automoción en general, puede provocar corrosión en las
cintas que sostienen los tanques de combustible, con el consecuente
peligro de incendios y explosiones, lo cual puede suponer un elevado
riesgo incluso para las vidas humanas, como ya ha sucedido con conocidas
marcas de camiones y furgonetas.
Para evitar estos serios problemas, las cintas de los tanques de
gasolina en este tipo de vehículos, han de estar constituidas por
materiales altamente resistentes a la corrosión.
Para determinar el grado de resistencia a la corrosión de los metales,
es necesario emplear criterios de ensayo unificados internacionalmente,
no solo con el fin de intercomparar datos y evaluar extrapolaciones
entre los resultados obtenidos en el laboratorio y la exposición a la
intemperie, sino también para poder documentar ante terceros, bajo
baremos medibles, la calidad de los productos.
Para ello es necesario hacer uso de procedimientos de evaluación
aplicables universalmente y amparados por las normativas prescritas por
los organismos certificadores de cada país, como es el caso de la norma
española UNE-EN ISO 9227 y todas sus equivalentes adoptadas
internacionalmente.
Los ensayos de corrosión acelerada se realizan con las cámaras de niebla
salina de laboratorio.
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