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Definimos como aguas amargas a las aguas residuales procedentes de las
refinerías de petróleo y especialmente las derivadas de las torres de
destilación de las plantas primarias, las cuales poseen un considerable
contenido de iones químicamente activos, tales como sulfuros y cloruros,
entre otros componentes.
Este tipo de aguas resulta muy perjudicial para los materiales metálicos
que se encuentran en contacto con ellas, produciendo velocidades de
corrosión muy importantes que conducen a malfunciones o desgaste en los
equipamientos.
Las condiciones de trabajo en medios amargos han aumentado en los
últimos 10 años, debido a que las características de los crudos
obtenidos han cambiado para dar como resultado ambientes corrosivos
mucho más agresivos que antiguamente.
El acero al carbono AISI 1018 es ampliamente utilizado en muchas
industrias debido a sus excelentes propiedades mecánicas, por lo que la
evaluación del mismo puede aportar una valiosa información al campo del
control de la corrosión en la industria.
Un factor importante que interviene en el proceso de corrosión es la
temperatura, ya que generalmente la velocidad de corrosión aumenta con
el incremento de esta variable.
Sin embargo, esto no ocurre en todos los casos; por ejemplo en el caso
del acero AISI 304, a altas temperaturas se incrementa la velocidad de
corrosión, a medianas temperaturas presenta similares velocidades, y a
bajas o moderadas temperaturas se encuentra en un estado pasivo.
Los estudios de corrosión más conocidos, en aguas amargas, se realizan a
temperaturas comprendidas entre +25ºC y +50ºC.
Para determinar la resistencia a la corrosión de los componentes
metálicos se emplean diversos tipos de cámaras de corrosión de
laboratorio, de las cuales, la más común es la cámara de atmósferas
corrosivas como la presentada en la imagen adjunta.
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