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En ocasiones nos encontramos con errores conceptuales de fondo, por los
cuales se confunde la corrosión de los plásticos con la biodegradación
por oxidación de los materiales orgánicos de síntesis macromolecular.
Hablar de corrosión de los plásticos, implica que necesariamente se ha
de asociar a la presencia de algún tipo de metal, el cual, combinado,
como carga, o como aditivo, sea incorporado a los plásticos. Nos
referimos a la adición de metales a los monómeros con el fin de
conseguir determinadas cualidades específicas tales como mayor
resistencia mecánica, o el tratamiento superficial electrolítico de
recubrimientos metálicos con fines decorativos, etc.
Hoy en día, la preocupación por el medio ambiente está llevando a los
investigadores a encontrar plásticos cuyo proceso de biodegradación sea
lo más rápido posible sin cambiar sus propiedades funcionales y en este
sentido, la adición de metales podría ser una solución para acelerar la
biodegradabilidad.
Por tanto, para ensayar de forma acelerada la biodegradabilidad de los
plásticos lo más correcto es utilizar una cámara de envejecimiento
ambiental acelerado con control de temperatura, humedad, radiación UV y
atmósferas modificadas.
Mientras que para ensayar la corrosividad de los metales incorporados a
los plásticos, lo razonable es utilizar una cámara de ensayos de
corrosión acelerada por niebla salina.
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