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La corrosión de las superficies metálicas, abundantes en importantes
obras de ingeniería civil como puertos o grandes fábricas de la
industria pesada así como en viaductos, conducciones de aguas residuales
y sanitarias, oleoductos, instalaciones portuarias, aeropuertos y
ferrocarriles, etc., supone un grave problema para los países
industrializados, tal que puede llegar a alcanzar hasta el 4% de su
producto interior bruto.
Un consorcio internacional, en el que trabaja el Instituto de
Biotecnología de León (Inbiotec), busca neutralizar un tipo de corrosión
concreto: el provocado por algunos tipos de microorganismos, que se
adhieren a la base metálica, la recubren y van acabando con ella poco a
poco. "Estos microorganismos están implicados en al menos el 10% de los
problemas de corrosión de las estructuras metálicas, llegando hasta un
50% en el caso de tuberías subterráneas", asegura Ricardo Vicente,
responsable del proyecto en el centro tecnológico leonés.
El objetivo es crear una sustancia que recubriría las superficies
metálicas, en forma de sol-gel, en la que irán integrados varios tipos
de microorganismos capaces de luchar contra la corrosión. Y esas
'batallas' se desarrollarían contra los 'otros' microorganismos, los
'malos', causantes de la corrosión. "En un proceso de corrosión normal
hay una sucesión de poblaciones bacterianas. Luego aparecerán los hongos
y las levaduras y, después, asentamientos de invertebrados", explica
Vicente.
Este nuevo gel será una sustancia totalmente considerada con la
naturaleza. "Hasta ahora, las soluciones que se están utilizando son un
poco irrespetuosas con el medio ambiente. Las legislaciones evolucionan
más para protegerlo, entonces nosotros proponemos una solución
totalmente diferente", comenta. Los microorganismos que se integrarán
viven de forma natural y no se va a liberar "ninguno que esté modificado
genéticamente o que sea característico de una zona para meterlo en
otra". Además, los compuestos del gel "no serán tóxicos ni
perjudiciales".
Para evaluar el potencial de resistencia a la corrosión de los
materiales metálicos se emplean las cámaras de ensayos acelerados de
laboratorio, en las cuales se pueden recrear todas las condiciones
ambientales posibles. La innovación en cámaras de corrosión
hace referencia al empleo de la tecnología más avanzada en su
desarrollo, su ergonomía y usabilidad, así como también su cualidad de
cumplir con cualquiera de las especificaciones exigibles por la
normativa internacional, gracias a la automatización que permite la
programación de ciclos climosalinos repetitivos.
Dentro de las condiciones ambientales potencialmente corrosivas, podemos
citar las siguientes:
Corrosión salina neutra:
La producida por el ambiente marino sin presencia de componentes ácidos,
(pH alrededor de 7).
Corrosión salina ácida:
La producida por ambientes activos en los cuales, además de la presencia
de sales diversas tales como el ClNa, SO4Cu, etc., pueden existir
concentraciones de ácidos, tales como el ácido acético procedente de las
siliconas empleadas en la carpintería metálica del aluminio, ácido úrico
en granjas, etc., por ejemplo.
Corrosión urbana:
La generada por la contaminación procedente de los combustibles de los
automóviles y las de las calefacciones en presencia de humedad.
Corrosión industrial:
La producida por la contaminación procedente de las emisiones de los
procesos industriales en presencia de humedad (niebla ácida).
Corrosión microbiológica:
Provocada por la contaminación de bacterias aerobias y anaerobias
existentes en aguas con altas concentraciones salinas, típicas de los
mares y océanos, lagos salados y fosas salinas. Las más significativas
son las denominadas ferrobacterias.
Corrosión galvánica:
Se produce cuando dos metales, cuyos potenciales de oxidación-reducción
son claramente diferenciados, se unen íntimamente en presencia de un
electrolito. En estas condiciones se genera una auténtica pila galvánica
en la cual el ánodo al oxidarse comienza a generar un flujo electrónico
con el consecuente desprendimiento progresivo de la superficie del
metal.
Corrosión bajo tensión:
Se produce como consecuencia de la combinación de dos efectos
simultáneos tales como un medio ambiente corrosivo, unido a una tensión
mecánica tal como la producida por los efectos continuados de tracción,
flexión y torsión, etc.
El deterioro superficial producido en tales condiciones aparece en forma
de microrroturas tales como agrietamientos progresivos (fatiga por
corrosión).
Corrosión Kesternich:
Es la misma que la corrosión industrial. Consiste en el ataque corrosivo
producido por el SO2 en presencia de humedad saturada a condensación,
bajo condiciones térmicas controladas.
Corrosión por inmersión alternativa:
Se produce cuando las superficies metálicas son periódicamente cubiertas
por el agua de mar, por ejemplo, a intervalos repetitivos provocados por
el oleaje, mareas, etc.
Corrosión climosalina:
También denominada de ciclos climáticos combinados con niebla salina. Es
el que representa más fielmente lo que sucede en la realidad con los
ciclos nocturnos y diurnos, donde por la noche sube la humedad baja el
punto de rocío (clima húmedo), al amanecer sube la temperatura y baja la
humedad (secado), y alternadamente se producen las deposiciones de la
niebla salina dispersada por el mar.
Corrosión inducida:
Es la que no está causada de manera directa por el agente primario que
interacciona con el metal en cuestión, sino por la influencia de los
subproductos derivados de dichos agentes primarios. Este tipo de
corrosión también se denomina corrosión influenciada. Es el caso de la
acción de los microorganismos biológicos, los cuales generan derivados
metabólicos que desprenden componentes ácidos, los cuales, influyen en
la cinética del proceso de corrosión.
Para determinar la resistencia a la corrosión de los metales y sus
recubrimientos, se emplean las cámaras de corrosión de laboratorio como
la presentada en la imagen adjunta.
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