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A la más vieja usanza, nos llegan noticias del lanzamiento al espacio de
animales astronautas sometidos previamente a pruebas diversas de
resistencia ambiental bajo condiciones adversas.
Hagamos historia.
El primer mono astronauta se llamó Albert, fue un macaco “rhesus”, que
el 11 de junio de 1948 alcanzó la altura de 63 km a bordo de un cohete
V2, para investigar los efectos biológicos de una exploración espacial.
Albert murió sofocado durante el vuelo.
Después fue la perra Laika, enviada por los soviéticos hace 55
años al espacio, en un vuelo sin retorno, como un ensayo previo
para el posterior lanzamiento de un hombre; Yuri Gagarin, el primer
cosmonauta de la historia de la humanidad.
Gagarin, tuvo que esperar tres años y medio después del viaje de Laika
para ver cumplido el sueño del ser humano de surcar las estrellas,
odisea que una perra realizó durante varias horas a bordo del Sputnik-2
el 3 de noviembre de 1957.
"Aun hoy en día, no sé si soy el primer hombre o el ultimo perro en
volar al espacio", dijo Yuri Gagarin, el primer cosmonauta de la
historia, poco después de dar la vuelta a la Tierra el 12 de abril de
1961.
Pero existen más antecedentes: Estados Unidos lanzó otros vuelos
primarios tripulados por monos, entre 1948 y 1961 con dos vuelos
espaciales: uno en 1969 y otro en 1985. Francia lanzó dos monos en
vuelos espaciales primarios en 1967. Rusia a su vez, lanzó monos de 1983
a 1996. Entre 1969 y 1970 Argentina lanzó pequeños simios en vuelos
suborbitales a bordo de cohetes Canopus II y Pantera X-1 de fabricación
propia.
La gran mayoría de los animales eran anestesiados antes del despegue.
Treinta y dos monos volaron en programas espaciales; cada uno con una
misión específica. Numerosos monos sirvieron de respaldo y también
participaron en los programas pero nunca volaron. Fueron usados
individuos de diversas especies incluyendo las especies Macaca
mulatta, Macaca fascicularis y del género Saimirí y monos
filipinos.
La diferencia entre Estados Unidos y Rusia es que los éxitos iniciales
soviéticos no han servido para cumplir con sus ambiciones, sino para
cosechar fracaso tras fracaso, más de medio siglo después, mientras que
en el caso de EEUU, y aun dejando una larga lista de mártires espaciales
en el camino (Challenger, etc.,) el esfuerzo ha dado sus frutos, y en
estos momentos, tras la conquista de la Luna por la NASA y el análisis
de muestras lunares por quien escribe, un robot construido bajo la
cobertura de la hermandad científica internacional, el Curiosity, se
encuentra explorando el “planeta rojo” y enviando datos de interés
científico para toda la humanidad.
Ahora nos llega la noticia de que la Agencia Espacial de Irán ha lanzado
con éxito al espacio un cohete de fabricación iraní con un mono que ha
regresado vivo a la Tierra (según ha manifestado el portavoz de la
Defensa Militar), en lo que supone un hito para el programa espacial de
la república iraní y que, según dicen, representa un paso previo para el
posible envío de una nave tripulada por astronautas islámicos al
espacio, lo que podría ocurrir en un plazo de entre cinco y ocho años.
Nos preguntamos: ¿Cuáles serán sus propósitos?
La cápsula espacial “Pishgam” (Pionera), en cuyo interior se encontraba
“instalado” el simio astronauta, fue lanzada el pasado martes
coincidiendo con el aniversario del nacimiento del profeta Mahoma, ha
informado la cadena de televisión estatal iraní Press TV.
Desde el punto de vista científico, lo que sí sabemos es que, en todos
los casos, los animales, en parejas de dos, son sometidos a pruebas de
simulación para evaluar la resistencia física de los mismos y determinar
su comportamiento bajo condiciones adversas para la vida animal, al
igual que sucede con los astronautas humanos.
Estas pruebas se llevan a cabo generalmente con las cámaras climáticas
de laboratorio, las cuales son capaces de reproducir las condiciones más
desfavorables a las cuales se han de someter los animales antes de ser
lanzados al espacio.
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