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La atacamita, u oxicloruro de cobre (Cu2(OH)3Cl), recibe su nombre del
desierto de Atacama (Chile) donde se puede encontrar en forma de
minerales y en las fumarolas submarinas. También se encuentra en las
pátinas de objetos de bronce antiguos, tales como monedas, esculturas,
campanas y cañones de pecios hundidos o expuestos al ambiente marino,
etc.
Se trata de una sustancia sólida cristalina verdosa producto de la
corrosión de los metales de base cobre.
Hay que decir que la reacción química que desemboca en la producción de
atacamita es la denominada enfermedad o cáncer del bronce, producida por
la presencia de sales de cloro y es muy destructiva. De ahí la
importancia de emplear recubrimientos de tipo acrílico para la
conservación de obras de arte, equipamientos sensibles, etc.
Un elemento verdaderamente peligroso para el desencadenamiento de la
reacción corrosiva es la presencia de niebla salina, habitual en las
zonas costeras, y en determinadas atmósferas contaminadas.
Existen también óxidos que forman pátinas que pueden servir como medio
de protección, tales como: óxido cuproso (cuprita) que es el que tiende
a formarse en los procesos oxidativos iniciales típicos y que tiene
generalmente colores rojizos. Este se convierte rápidamente en óxido
cúprico (tenorita) que es marrón oscuro o negro. Prácticamente todas las
monedas antiguas de bronce tienen sobre la superficie metálica al menos
una fina capa de óxido de cobre marrón.
En ambientes sulfurosos, se puede formar sulfato de cobre (antlerita) o
sulfuros de cobre (novelita y calcocita) que dan un color entre verde y
azul verdoso.
Con ambientes contaminados por CO2, en presencia de humedad, el
carbonato de cobre también forma una pátina verde (malaquita) y
ocasionalmente azul (azurita y calconatronita). El carbonato de cobre es
una reacción adicional del óxido de cobre, no del cobre, pues sólo se
formará sobre los óxidos de cobre marrones o rojos. Como el óxido de
cobre es más estable que el carbonato de cobre, a veces se puede quitar
sólo el verde dejando la pátina original de color rojo o marrón.
En atmósferas contaminadas con vapores acéticos, se puede formar el
acetato de cobre (cardenillo), que es de color verde y muy venenoso.
Para ensayar la corrosión de los metales de base cobre, se emplean las
cámaras climáticas ambientales y las cámaras de corrosión por niebla
salina.
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