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La Agrónica es la ciencia que vincula la aplicación de la metodología
informática con la agrotecnología. Su fin es el procesamiento de las
variables climáticas con todos los aspectos agrícolas, de manera que se
puedan extraer conclusiones beneficiosas para obtener la optimización de
los cultivos.
El aprovechamiento de las aplicaciones informáticas en el campo de la
agrotecnología, aporta las siguientes ventajas:
• Permite disponer de multitud de datos ecológicos, biológicos,
tecnológicos y económicos que representan a un agrosistema con bases de
datos.
• Integra los datos en un único marco conceptual que los formaliza y
relaciona con modelos conceptuales vinculables.
• Procesar los datos según las leyes y metodologías de las disciplinas
agropecuarias que tratan cada uno de los aspectos de los cultivos con
modelos de simulación y sistemas de información.
• Seleccionar las mejores alternativas de manejo, organización o
comercialización a partir de criterios productivos, económicos y
ecológicos y facilitar la toma de decisiones.
• Transmitir la información en tiempo y forma adecuándola a la ofimática
y la telemática.
Aunque son muy diversas las variables que influyen en el pronóstico del
desarrollo futuro de los cultivos, tales como las plagas, la demanda, o
los precios que se manejan en el mercado, una de las más importantes es
la climatología.
De por sí, las predicciones meteorológicas son complejas y dinámicas,
por lo cual se utilizan diversos sistemas de simulación para poder
estimar cómo podrá variar el clima durante los procesos de cultivo. Sólo
podemos realizar predicciones y estadísticas de datos procedentes de
cosechas pasadas. En este sentido, la informática permite realizar
modelos que permitan procesar, capturar y distribuir información
relacionada con los sistemas agropecuarios.
Por ejemplo, el conocimiento de los partes meteorológicos de corto
alcance, es algo que les sirve a los ingenieros agrónomos para crear
planes de fertilización y de manejo ante la probabilidad de ataques de
plagas conocidas, pero a largo plazo nos resulta imposible saber cómo va
a evolucionar el cambio climático y que nuevas enfermedades están por
llegar.
Sabemos que en los últimos años, zonas habitualmente secas están siendo
afectadas por lluvias anormales y, contrariamente, zonas fértiles se
están desertificando. Manejando estos datos se pueden hacer predicciones
a largo plazo a nivel global, pero a nivel local no se pueden establecer
predicciones seguras; de hecho los agricultores miran a más corto plazo.
La cuestión es: ¿Cómo será el clima dentro de 40 ó 50 años?: Pueden
existir temperaturas más elevadas, menores lluvias y menor humedad,
mayor concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, etc.
Tampoco hay que olvidar que también algunos cultivos influyen en los
cambios climáticos: los arrozales favorecen el efecto invernadero porque
emiten gas metano, las microalgas consumen CO2, etc.
Por otra parte, no todos los vegetales responden frente al clima de
igual manera: el maíz, por ejemplo, es un cultivo que será beneficiado
por el cambio climático debido a la mayor temperatura invernal y a la
menor cantidad de heladas, mientras que otros cultivos de verano podrían
llegar a ser afectados por períodos de sequía cortos, etc.
La lluvia también influye: Cambios tan drásticos de pluviometría y
sequías como ocurrieron en los últimos años son altamente dañinos para
los cultivos: No es lo mismo una lluvia de 50 l/m2 que diez lluvias de 5
l/m2, porque éstas últimas se absorben menos y la planta puede
aprovechar mejor el agua. Por su parte, la abundancia de agua erosiona
los suelos o los inunda, y se aprovecha poco el recurso, al tiempo que
ahoga las raíces. La variabilidad es muy importante.
A la vez, no solo el cambio climático provocará más enfermedades en las
plantas, sino que habrá mayor necesidad de aplicar controles o de
obtener nuevas especies resistentes a las condiciones climáticas
adversas.
Para investigar a escala de laboratorio la afectación del cultivo y
crecimiento de los vegetales en función de las condiciones ambientales,
se utilizan las cámaras climáticas de laboratorio, capaces de simular
climas variables de frío, calor, humedad, radiaciones solares,
concentraciones controladas de CO2 y sus correspondientes combinaciones.
Estas cámaras se construyen mediante módulos ensamblables configurables,
en función de las dimensiones deseadas y formato preciso.
En su interior se distribuyen estanterías diversas, regulables en altura
y dotadas de fotoperiodo de radiación solar en el rango de longitud de
onda fotosintéticamente activo.
Un potente software informático permite procesar todos los datos
climáticos, combinados con las respuestas resultantes de la evolución de
los cultivos, desde la germinación, pasando por el ritmo de crecimiento
y su desarrollo final.
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