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Definimos como cámara climática de corrosión a una cámara climática de
laboratorio en cuyo interior es posible simular, no solo las condiciones
climáticas atmosféricas típicas de la climatología convencional
existente en las diversas regiones geográficas terrestres, en cuanto a
las variables de frío, calor y humedad, sino además aquellas
composiciones atmosféricas químicamente activas, provenientes, bien sea
ambientes oceánicos y de las zonas costeras marítimas o de las áreas
industriales y zonas contaminadas urbanas.
Antiguamente los ensayos más habituales consistían en someter a las
muestras a climas variables con atmósferas contaminadas por cloruros,
iones sulfurosos, nitrosos y carbónicos, etc., a temperatura controlada
y en presencia de humedad, para favorecer la ionización de los
compuestos activos. El ejemplo más representativo es el de los ensayos
de corrosión por ambiente marino, consistente en someter a los
especímenes a periodos constantes de solución salina de cloruro sódico.
En la actualidad, se sabe que la acción corrosiva de la climatología, en
su expresión más agresiva, procede de la acción de un conjunto de
situaciones reales, como lo son los ciclos nocturnos y diurnos
sistemáticos y repetitivos, en virtud de los cuales, las piezas se
someten a fases de: alta humedad, deposición de sales, y secado. Todo lo
cual da lugar a procesos de oxidación/reducción (REDOX) auténticos.
Siempre hemos puesto el ejemplo de que un ancla sumergida de un barco
hundido (pecio), se corroe menos que el ancla de un barco operativo que
sufre dichos procesos climatológicos cambiantes como consecuencia de la
acción repetitiva de anclar y levar.
Para realizar este tipo de ensayos cíclicos repetitivos, se emplean las
cámaras climosalinas o cámaras climáticas de corrosión.
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