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Definimos como biomasa a toda materia orgánica susceptible de
aprovechamiento energético.
La biomasa representa un papel básico en nuestra sociedad, tanto desde
el punto de vista energético y ambiental, como para el desarrollo
socioeconómico de las zonas rurales.
Actualmente, más del 80% de nuestro abastecimiento energético proviene
de energías fósiles, otro 13% de energía nuclear, y solamente alrededor
del 6% de Energías Renovables. Este 94% no renovable conlleva
importantes implicaciones medioambientales y una fuerte dependencia del
abastecimiento exterior.
Los residuos de aprovechamientos forestales y cultivos agrícolas,
residuos de podas de jardines, residuos de industrias agroforestales,
cultivos con fines energéticos, combustibles líquidos derivados de
productos agrícolas, residuos de origen animal o humano, etc., todos
pueden considerarse dentro de la citada definición.
La energía que contiene la biomasa procede de la energía solar
almacenada a través de la fotosíntesis, proceso por el cual algunos
organismos vivos, como las plantas, utilizan la energía solar para
convertir los compuestos inorgánicos que asimilan (como el CO2) en
compuestos orgánicos.
Los biocombustibles sólidos pioneros en el mercado europeo proceden de
industrias forestales locales o de los residuos producidos en los
aprovechamientos y cuidados de las masas forestales, los pelets, con
alta densidad energética, embalajes, etc.
Con la maquinaría apropiada se pueden astillar los residuos o empacarlos
para mejorar las condiciones económicas del transporte al obtener un
producto más manejable y de tamaño homogéneo. En la actualidad, los
inconvenientes asociados a estos residuos, como la dispersión, la
ubicación en terrenos de difícil accesibilidad, la variedad de tamaños y
composición, el aprovechamiento para otros fines (fábricas de tableros o
industrias papeleras), las impurezas (piedra, arena, metales) o el
elevado grado de humedad han impedido su utilización generalizada como
biocombustibles sólidos.
Una de las principales características de un biocombustible sólido es su
poder calorífico, tanto superior como inferior. El poder calorífico
superior (PCS) se define como la energía liberada cuando una masa
unitaria de biocombustible se quema con oxígeno en una bomba
calorimétrica en condiciones normalizadas. Este PCS, permite conocer la
energía contenida en la biomasa estudiada incluyendo aquella que se
consumirá al evaporar el agua producida en la combustión. Sin embargo,
la energía realmente aprovechable es aquella que se obtiene una vez
evaporada el agua producida en la combustión. A esta energía se la
denomina poder calorífico inferior (PCI) y es necesario utilizar
fórmulas empíricas para su determinación a partir del PCS. La
determinación de la humedad de la biomasa es fundamental ya que influye
en la disminución del poder calorífico y en el aumento del consumo de
combustible.
Para determinar el contenido en humedad de la biomasa existen diversos
procedimientos: Empleo de equipos electrónicos de medición directa,
balanzas de infrarrojos y cámaras caloríficas o estufas de secado por
convección forzada a temperatura controlada.
De todos ellos, consideramos que el método más efectivo y seguro es el
de la estufa de secado por convección forzada, especialmente cuando se
trata de astillas o masas irregulares.
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