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“España se ha convertido en la potencia europea del
derroche energético” Esta aseveración fue la motivación que llevó a la
arquitecta Monika Brümmer a desarrollar un material de construcción
bioclimático patentado con el nombre de Cannabric.
Se trata de un bloque de ladrillo, elaborado con una base de fibras
naturales de esparto, que le confieren unas cualidades de ligereza y
aislamiento climático extraordinarias.
El ladrillo de cáñamo cumple con todos los requisitos de un buen
material de construcción: Tiene una excelente capacidad para soportar
cargas, ofrece protección contra la humedad y contra la intemperie y es
ligero, con lo cual es considerado una eficaz herramienta para la
bioconstrucción.
El bloque está formado por fibras vegetales de cáñamo industrial, cal
hidráulica natural y una mezcla de minerales, además de tierra. Los
componentes se mezclan, se prensan unos bloques macizos y se secan al
aire, por lo que el consumo de energía en la fabricación es bajísimo,
garantizando un excelente ahorro energético.
El producto resultante es un material transpirable y se amolda a la
perfección a las distintas estaciones del año. Su relación con la
humedad ambiental es excelente. «Creamos un material que absorbe
humedades ambientales y las ceden a la vivienda cuando ésta lo
necesita».
Las construcciones realizadas con este tipo de material pueden ser
consideradas sanas, saludables y con un consumo de energía muy bajo,
pudiendo ser definidas como bioconstrucciones.
Para evaluar la respuesta de los nuevos materiales de construcción
frente a las condiciones ambientales adversas, se utilizan las cámaras
climáticas de laboratorio.
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