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Fibras de cáñamo

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En los momentos actuales, el empleo de fibras de plantas naturales,
también denominadas biofibras, como aditivos de refuerzo de las matrices
poliméricas para aumentar su resistencia mecánica, es una práctica muy
valorada por sus excelentes resultados. Un ejemplo es el reforzamiento
de termoplásticos con fibras de algodón, vidrio, etc.
Los materiales resultantes se vienen denominando comúnmente composites,
y son de aplicación en todos los sectores donde se requiera el empelo de
piezas sometidas a esfuerzos de tracción, compresión, torsión y flexión,
debido a su: bajo costo, baja densidad, alta resistencia a la fatiga,
ligereza, reducción de costes por simplificación de los procesos, fácil
biodegradabilidad y sostenibilidad (al ser de origen agroindustrial, no
afectan al medio ambiente).
Las fibras naturales más usadas en la obtención de composites
agroindustriales son: el cáñamo, el algodón, el yute, el lino, las
fibras de madera, coco, etc., entre otras.
El excelente comportamiento de las fibras naturales se explica porque en
las plantas, la celulosa se encuentra en forma de microfibras
organizadas ya sea de manera unidireccional o como una malla
entretejida, la cual hace que, una vez integradas en las matrices
poliméricas, ofrecen como resultado una estructura fuertemente
consolidada y altamente resistente, con una importante reducción de
peso.
Así, su aplicación en el campo de la nanotecnología determina la
obtención de materiales de prestaciones extraordinarias. En el caso de
nanomateriales reforzados las microfibras, estas son extraídas de la
biomasa por un tratamiento químico seguido de un tratamiento mecánico,
con el fin de obtener microfibras individuales. Como consecuencia, las
microfibras de celulosa se desprenden del material que las rodea y
mantiene unidas a otras microfibras para dar lugar a la formación de una
estructura de red integrada por fibras de dimensiones nanométricas.
Es tal la importancia que están cobrando los agrocomposites en las
nuevas tecnologías, que el Ministerio de Economía y Competitividad, a
través del Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI),
está subvencionando proyectos de I+D aplicables a sectores industriales
tales como; en construcción, automoción, náutica, aeroespacial, etc.
Para ensayar a escala de laboratorio la resistencia de este tipo de
materiales frente a las diversas condiciones climatológicas adversas,
tanto naturales, como artificiales, se emplean las cámaras climáticas de
simulación.
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