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La búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles de automoción no
es nada nuevo. En la actualidad existen grupos de investigación muy
fuertes que están trabajando en soluciones alternativas que ya están
siendo una realidad.
Lo que sucede a veces es que, ideas que ya habían sido desarrolladas
hace casi cien años, y que no progresaron por razones económicas,
vuelven en ocasiones a estar de actualidad.
En este caso la propuesta viene de la mano de la empresa Air Fuel
Synthesis, una pequeña empresa ubicada en Stockton-on-Tees (Reino Unido)
la cual presentó el proyecto de construcción de una planta piloto capaz
de producir "gasolina a partir del aire" ante el Instituto de Ingenieros
Mecánicos de Londres. Se trata de un combustible obtenido mediante el
dióxido de carbono y el hidrógeno captado a partir del vapor de agua
contenidos en la atmósfera, para transformarlos en hidrocarburos.
Los protagonistas de la resurrección de la idea, de la mano de Tony
Marmont, un ex trabajador de la petrolera Shell, se lo han tomado tan en
serio que ya han conseguido producir sus primeros litros de combustible
utilizando energía eléctrica convencional.
La idea siempre es bien recibida, pero ellos saben que para construir
una planta más grande capaz de producir una tonelada de combustible al
día, sería necesario emplear dos años de trabajo y obtener entre seis y
siete millones y medio de euros de inversión, cuestión que en los
momentos actuales, no solamente es muy complicado, sino además de
resultados muy inciertos.
La bondad de las materias primas necesarias es indiscutible:
electrolisis del agua para producir hidrógeno y captación del CO2 del
aire, que por desgracia, sobra.
La obtención del CO2, uno de los principales gases de efecto invernadero
(GEI) implicado en el cambio climático, ocupa a una gran cantidad de
empresas y grupos de investigación universitarios de todo el mundo,
incluida España, las cuales trabajan en el desarrollo de sistemas de
captura y almacenamiento de este gas.
Noruega utiliza desde 1996 un depósito ubicado en el mar del Norte para
enterrar el CO2 rescatado de la atmósfera, y en España se propusieron
igualmente diez lugares como posibles depósitos subterráneos. Sin
embargo, una vez más, un estudio de la American Physical Society,
aseguraba que el aprovechamiento podría ser inviable desde un punto de
vista económico.
Somos conscientes de que existen otros grupos interesados en la
utilización del CO2 para luchas contra el cambio climático: Por ejemplo,
un trabajo realizado en la Universidad de Princeton, en EE.UU., y
publicado en 1994, con el objetivo de producir metanol a partir de CO2,
fue implementado recientemente y convertido en una compañía llamada
Liquid Light, que busca hacer exactamente lo mismo. En Islandia, la
compañía Carbon Recycling International abrió una planta a final de 2011
para recoger CO2 residual de una central eléctrica, con la capacidad
para producir cinco millones de litros de metanol al año, etc.
Pero consideramos que estas iniciativas solo llegarían a ser rentables
en casos muy remotos en los cuales fuera imposible utilizar otro tipo de
energías alternativas mucho más prometedoras, como las que actualmente
comienzan a ser ya una seria realidad.
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