CAMARAS DE ENSAYOS - CCI CONTROL DE CALIDAD

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Cero defectos. Cámaras climáticas y control de calidad

 

 

Hace ya casi medio siglo, cuando el control de la calidad comenzó a ser considerado un aspecto industrial clave para garantizar el éxito empresarial, basado en el prestigio y fiabilidad de los productos y la consecuente ausencia de devoluciones, fue acuñado el concepto de “Cero Defectos” como un planteamiento enfocado a lograr la perfección en las actuaciones humanas y tecnológicas implicadas en los procesos productivos industriales.


El concepto fue ideado por el norteamericano Philip Bayard Crosby, reconocido experto en gestión de la calidad industrial, y que lo bautizó en principio con el nombre de “Cero Errores”.

 

En EEUU, en plena época de recesión, la práctica de su política de calidad cosechó grandes éxitos, especialmente mientras ejercía el cargo de gerente de control de calidad del Programa de misiles Pershing, consiguiendo, no solo una disminución de la estadística de fallos en un 25%, sino también una reducción de los costes en un 30%.


En 1979, publicó su primer libro de gestión de la calidad: Quality Is Free (Calidad es gratis), libro que llegó a ser muy popular y que se asentaba en la filosofía de “doing it right the first time" ("hacerlo correctamente la primera vez"), para evitar tener que repetirlo.


Los fundamentos del concepto “cero defectos” eran:


• La calidad depende de la prevención.

• Planificar los procedimientos equivale a cero errores.

• La calidad ha de ajustarse a los requerimientos.

• Un control de calidad, evita la no conformidad.


Para llevarlo a cabo propugnaba los catorce principios siguientes:


1.- Compromiso de la dirección con la calidad.


2.- Organización técnica y humana del control de la calidad.


3.- Recopilación de todos los defectos y problemas experimentados, su análisis y estadísticas para detectar los orígenes de los problemas.


4.- Evaluación de los costes derivados de los defectos por no hacer las cosas bien a la primera.


5.- Concienciar a la organización de los costes derivados de no realizar controles de la calidad.



6.- Implementación de acciones correctivas.


7.- Establecimiento de un programa de actuación para la prevención de posibles errores.


8.- Formación continua del responsable de controlar la calidad.


9.- Planificación de un calendario de actuaciones para lograr las mejoras.


10.- Establecer las metas para alcanzar los cero defectos.


11.- Eliminación de las barreras que impidan el cumplimiento del programa de cero defectos y sus correspondientes causas.


12.- Incentivos y recompensas para quienes contribuyan a cumplir los objetivos de calidad.


13.- Celebración periódica de reuniones de Calidad con todos los trabajadores implicados.

14.- Revisión continua de los procedimientos productivos. Cambiarlos tantas veces como sea necesario.


De estas premisas surgieron dos facetas del control de calidad: El control de calidad de la producción y el control de calidad del producto final.


Centrándonos en el control de calidad del producto final, ello conllevó a la implementación de laboratorios de experimentación, dotados de instrumentos científicos para la realización de los ensayos capaces de garantizar un exhaustivo análisis del producto final, para evaluar, no solo el cumplimento de las características esperadas, sino también para poder predeterminar su vida útil esperada. Todo ello pasaba por contar con personal debidamente cualificado y especializado en el manejo de las técnicas analíticas requeridas en cada una de las disciplinas.


En Europa costó aceptar la implementación de dichas dotaciones instrumentales, tanto era así que cuando a un empresario se le proponía invertir en medios de control de calidad, solía preguntar cuestiones tales como: “¿Cuánto me incrementa esto la producción?”. Afortunadamente las exigencias de los consumidores pusieron las cosas en su sitio y en la actualidad es impensable la supervivencia en el mercado sin contar con un correcto control de la calidad.


De todos modos, la filosofía del “cero defectos” ha resultado ser una utopía prácticamente imposible de cumplir, pero ha servido para mejorar enormemente la calidad de los productos; de ahí que, hoy en día, los conceptos de: “aseguramiento de la calidad”, I+D, I+D+i, etc., están presentes en todos los sectores industriales.


Asimismo, los gobiernos introducen en sus presupuestos ayudas y subvenciones para la implantación de este tipo de programas: Fondos FEDER en Europa, CDTI en España, etc., etc., y los organismos certificadores establecen estándares normalizados de calidad tales como las normas UNE-EN ISO 9001, entre otras.


De toda la gama de instrumentos y equipos necesarios para la dotación de los laboratorios de control de calidad, cabe destacar el empleo de las cámaras climáticas, que son equipos capaces de simular de forma acelerada las condiciones climatológicas, naturales y artificiales a las cuales habrán de ser sometidos los productos, poniéndolos a prueba para evaluar su comportamiento y resistencia frente a las diversas condiciones ambientales que se pueden encontrar, tanto sobre la superficie de la Tierra en cualquier coordenada geográfica, como en el espacio: frío, calor, humedad, radiaciones solares, vacío, presiones y depresiones barométricas por variación de la altitud, lluvia, contaminación, ozono, atmósferas gaseosas de origen volcánico, polvo y arena, viento huracanado, ambiente salino marino, oleaje, etc.

 

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