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En el juicio que se está celebrando en La Coruña, por el hundimiento del
“Prestige”, que supuso el vertido de casi 70.000 toneladas de fuel en
las aguas gallegas y que afectó a casi todo el litoral del norte de
España, el capitán del petrolero “Prestige”, Apostolos Mangouras, de 77
años de edad, ha reconocido que detectó afectación por corrosión en los
tanques de lastre cuando asumió el mando del buque.
Esta declaración contradice su informe firmado en octubre del 2002, en
el que certificó que "no hay defecto en los tanques, encontrándose en
buenas condiciones”.
A este respecto, también ha confirmado que antes de asumir el control
del petrolero, no leyó el libro de navegación del anterior capitán, en
el que según la inspección fiscal, se advertía de la existencia de
deficiencias en el barco, añadiendo no recordar el grado de corrosión de
dichos tanques porque no podía vaciarlos, ni tampoco el estado de la
maquinaria o una posible sobrecarga: “ello no tenía nada que ver
conmigo".
Durante su comparecencia, el capitán solo ha aceptado contestar al
Ministerio Público, a la Abogacía del Estado y de la defensa, así como a
los abogados de la responsabilidad civil: la aseguradora London
Steam-Ship Owners Mutual Insurance Association Limited y el Fondo
Internacional de Indemnización de daños por la contaminación de
hidrocarburos (Fidac), pero no al resto de los abogados de las
acusaciones.
Independiente del veredicto final del juez, lo que sí es relevante es la
gravedad que puede implicar el deterioro por corrosión de los aceros del
equipamiento náutico. De ahí la importancia que tiene, no solo el llevar
a cabo un protocolo periódico de revisiones y mantenimiento, sino
también la realización de ensayos de evaluación de la corrosión de los
materiales empleados, a escala de laboratorio, con cámaras de corrosión
acelerada.
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