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El atractivo de los materiales textiles, a parte de su textura y
características intrínsecas, se logra por su apariencia visual, de la
cual destaca el color.
Cuando hablamos de color, nos habremos de referir, bien al tintado de
las fibras, previo al proceso de hilado y tejido, o al estampado final
de los tejidos.
El procedimiento de estampación textil por corrosión, está caracterizado
porque el producto se somete a la acción de una solución química que
actúa como agente corrosivo vehicular de la consolidación del color.
En el caso de los estampados, estos se llevan a cabo en instalaciones
convencionales de cualquiera de los tipos existentes (continuas ,
discontinuas o intermitentes), para someterlo al correspondiente
tratamiento de consolidación superficial.
Uno de los procesos típicos consiste en la aplicación de la pasta de
estampación, formada por agua, espesante entre el 12 y el 50%, un agente
reductor u oxidante según el procedimiento, agente blanqueante o gama de
colorantes resistentes al proceso y un secuestrante con acción
orgánico-complejante del colorante.
La fase siguiente consiste en el secado y vaporización a temperatura
comprendida entre 100 y 126º C, con tratamiento posterior en un baño
compuesto por un agente eliminante selectivo, en función del
procedimiento utilizado y en presencia de un agente fuertemente
dispersante a una concentración entre 5 y 17 g/l.
El proceso finaliza con el lavado en agua abundante y el secado final.
El tintado así obtenido ofrece unos acabados sólidos muy atractivos y
estables.
El producto debe ser sometido a las correspondientes pruebas de
laboratorio.
Para evaluar el grado de estabilidad a la luz de los textiles
coloreados, se utilizan las cámaras de solidez del color,
caracterizadas por su capacidad de acelerar los procesos de
envejecimiento al someter el producto acabado a la acción de la
radiación solar ultravioleta UVA a temperatura controlada.
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