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Una investigación liderada por el Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC) señala que la progresiva desertificación que sufre la
cuenca del Ebro es consecuencia del aumento de la aridez derivado del
cambio climático, junto con la sobreexplotación a la que se ha visto
sometido el terreno durante siglos. El estudio ha sido publicado en la
revista Ecological Monographs.
“Los resultados observados podrían considerarse como una alerta temprana
de los procesos que puedan afectar a más zonas del Mediterráneo, de
acuerdo con las proyecciones de los modelos de cambio climático para
todo el siglo XXI”, explica el investigador del CSIC Sergio Vicente, del
Instituto Pirenaico de Ecología.
El trabajo ha analizado imágenes de satélite de entre 1984 y 2009, mapas
de la cubierta vegetal de los últimos 30 años y datos de precipitaciones
y temperaturas, entre otras fuentes de información, con el objetivo de
identificar los cambios recientes en la vegetación de las zonas de
matorrales sobre yesos de la cuenca central del Ebro.
Suelo rico en yeso, pobre en nutrientes.
La cuenca central del Ebro presenta el mayor afloramiento de yeso en
superficie de toda España, lo que genera unas condiciones que dificultan
el desarrollo de la vegetación natural y aumentan la vulnerabilidad del
suelo frente a la degradación.
“Los ecosistemas ricos en yeso son muy vulnerables a las perturbaciones
ocasionadas por los humanos, como la sobreexplotación. Los bosques
originales de la zona, formados por enebros, pinos carrascos y
chaparros, fueron eliminados hace siglos para dedicar los terrenos a la
agricultura y al pastoreo de los grandes rebaños trashumantes, que
fueron la base de la economía durante muchos siglos”, añade el
investigador del CSIC.
Desde principios del siglo XX la trashumancia ha reducido, así como el
número de rebaños, y a partir de los años 50 el desarrollo de la
maquinaria agrícola ha favorecido el cultivo de muchos suelos ricos en
yeso. Pero su poca productividad y ha provocado el progresivo abandono
de muchos campos.
“La presión humana en la cuenca central del Ebro es cada vez menor y
podríamos pensar que la vegetación podría volver a su estado previo a la
intervención humana. Sin embargo, las limitaciones ambientales, como las
características del suelo y la aridez, los siglos de uso intenso del
suelo y la reciente evolución del clima han impedido su recuperación”,
concluye Vicente.
Fuente: CSIC 2012
S.M. Vicente-Serrano, A. Zouber, T. Lasanta, Y. Pueyo. Dryness is
accelerating degradation of vulnerable shrublands in semiarid
Mediterranean environments. Ecological Monographs. DOI:
http://dx.doi.org/10.1890/11-2164.1
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