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El patrimonio filmográfico y fotográfico de las colectividades
representa un valor cultural e histórico irrepetible que ha de ser
conservado, para evitar su destrucción irreversible.
Ya Martin Scorsese decía “si no conservamos nuestro patrimonio
filmográfico, lo perderemos” y no estaba exento de razón, porque si bien
es verdad que existe la alternativa “in extremis” de intentar la
restauración, a veces es ya tarde.
Tanto el soporte fotográfico como el filmográfico se deteriora a lo
largo del tiempo por efecto de la acción climatológica y las radiaciones
lumínicas y los deterioros resultan cada vez más irreversibles. Los
colores palidecen, las imágenes tienen cada vez más grano y se vuelven
menos nítidas, las fotografías amarillean, etc.
Las restauraciones desarrolladas por los especialistas, también
denominadas como remasterizaciones, consisten en analizar fotogramas
minuciosamente, uno por uno, para detectar los deterioros y devolverles
las tonalidades originales y su resolución con el fin de preservar su
reproducibilidad, etc., pero todo siempre y cuando sea posible.
Lo importante es evitar el deterioro irreversible, y para ello es
necesario conservar este patrimonio en condiciones climáticas
controladas y en ausencia de luz.
Para estos menesteres se utilizan las cámaras climáticas de conservación
como la representada en la imagen adjunta, en la cual se monitorizan las
variables temperatura y humedad, fundamentalmente en condiciones
refrigeradas constantes y humedades relativas que garanticen el
mantenimiento de la elasticidad y la consecuente ausencia de fragilidad.
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