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En los momentos actuales la humanidad está siendo testigo de cambios, de
tanta trascendencia, que llegarán a afectar a corto plazo a la forma de
vida que en sus diversas manifestaciones coexiste sobre el planeta. La
actividad humana y el controvertidamente consecuente cambio climático,
son los protagonistas de escenarios alarmantes que requieren el
establecimiento urgente de verdaderos planes de emergencia.
Un artículo publicado en la revista Nature (Anthony D. Barnosky et al.
Approaching a state shift in Earth’s biosphere. Nature. DOI:
10.1038/nature11018), en el que han participado investigadores del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), analiza las
fuerzas que “pueden estar dirigiendo” un nuevo cambio en el estado
planetario y aporta posibles herramientas para minimizar sus
consecuencias.
A lo largo de la historia, la Tierra ha vivido cinco grandes episodios
de extinciones masivas asociados a cambios climáticos que han modificado
las características de todo el planeta.
Las épocas de transición que la Tierra ha experimentado a lo largo de su
historia representan sólo un 5%, el resto del tiempo se ha mantenido
estable. El último gran cambio tuvo lugar hace unos 14.000 años, cuando
el 30% de la superficie terrestre perdió la capa de hielo que la cubrió
durante el último periodo glacial.
La última edad de hielo había durado unos 100.000 años, mientras que el
periodo de transición se alargó unos 3.300 años. Desde entonces, el
planeta ha mantenido unas características más o menos estables hasta la
aparición y el desarrollo de la civilización humana.
El investigador de la Estación Biológica de Doñana Jordi Bascompte, que
ha participado en el trabajo, explica: “Los humanos estamos provocando
cambios que podrían llevar a un nuevo estado planetario; estos cambios
parecen involucrar alteraciones en la química de la atmósfera y los
océanos, y grandes trastornos en los flujos de energía desde el
principio hasta el final de la cadena alimentaria”.
La investigación destaca que la humanidad, por tanto, es la principal
promotora de las circunstancias que están motivando este cambio del
estado planetario. El incremento de la población está asociado a un
mayor consumo de recursos y energía, y a la transformación y
fragmentación del paisaje que alteran las condiciones atmosféricas,
oceánicas y terrestres que, a su vez, amenaza la supervivencia de la
biodiversidad actual.
La tasa de crecimiento anual de la población es de unos 77 millones de
personas, casi 1.000 veces superior que la experimentada hace entre
10.000 años y 400 años, cuando se situaba en unas 67.000 personas. El
estudio destaca que el incremento de la población ha traído consigo la
transformación del 43% de la superficie terrestre en áreas urbanas y
agrícolas.
Del mismo modo, los humanos gobiernan el uso de hasta el 40% de la
producción primaria mundial, lo que limita el acceso de otras especies a
este recurso. A su vez, el consumo de combustibles fósiles ha supuesto
un aumento de la concentración de CO2 atmosférico de un 35% y ha
provocado un descenso del 0,05 en el pH oceánico.
El impacto del conjunto de alteraciones que está sufriendo el planeta es
mayor que la suma individual de cada una de esas alteraciones. El
también investigador de la Estación Biológica de Doñana del CSIC y
colaborador del trabajo Eloy Revilla considera que “si estos impactos
directos superan el 50%, incluso las áreas inalteradas del planeta
sufrirán las consecuencias”. Según el artículo, “si la tasa de
incremento de la población se mantiene y también lo hace el nivel de
consumo de recursos, este porcentaje será alcanzado hacia 2025 y llegará
al 55% en 2045”.
Lo que sucederá cuando se llegue a tales niveles de impacto es todavía
incierto, pero Revilla opina que “esos porcentajes deberían preocuparnos
muy seriamente”. No obstante, se intuyen algunas consecuencias como la
pérdida de servicios ambientales. El artículo señala aspectos como una
pérdida de productividad en las tierras de cultivo, una menor capacidad
de almacenamiento de CO2 y el colapso del stock pesquero.
Para minimizar estos posibles impactos y no superar la barrera de
impacto del 50%, el artículo propone las siguientes medidas: reducir la
tasa de crecimiento anual de la población y su consumo de recursos
asociado, sustituir el mayor nivel energético posible por fuentes
renovables, aumentar la eficiencia en la producción de alimentos y
mejorar la gestión de las zonas de la Tierra que aún no han sido
dominadas por humanos.
“La humanidad está en una encrucijada crítica en la que debe decidir si
quiere guiar los cambios del planeta o simplemente dejar que las cosas
sucedan”.
Fuente: CSIC 07/06/2012
www.csic.es
Paralelamente, ya son muchos los grupos de científicos que están
investigando el cultivo de especies vegetales en zonas áridas, de hecho
en España el CSIC trabaja en este tipo de investigaciones, concretamente
en su centro de Experimentación de Zonas Aridas en Andalucía, el cual
dispone de una cámara de experimentación Solatrón, desarrollada por CCI.
Para el estudio de cultivos de plantas, su crecimiento y su desarrollo
evolutivo, germinación de semillas, etc., bajo diversas condiciones
ambientales, se emplean las cámaras climáticas de experimentación.
En este tipo de cámaras, no solo se pueden simular condiciones
ambientales variables de temperatura y humedad, sino también de
radiaciones solares y atmósferas gaseosas modificadas (ozono, CO2,
etc.,) en función de los entornos de investigación que se pretendan
estudiar.
CCI desarrolla desde el año 1967, bajo la certificación AENOR, cámaras
de simulación climática para investigación multidisciplinar. A este
respecto es de destacar que CCI ha desarrollado este tipo de cámaras de
ensayos para las entidades de la máxima relevancia y los centros de
investigación más prestigiosos existentes en la actualidad, entre los
que cabe señalar el Consejo Superior de Investigaciones Científicas
CSIC.
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