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Aunque para muchos la iluminación LED es una tecnología aparentemente
reciente, en realidad su utilización es muy antigua. No hay más que
fijarse en la gran manzana de Nueva York, Shanghái, etc., donde toda la
iluminación de los grandes edificios emplea este tipo de tecnología
desde hace muchos años.
Hoy en día se está poniendo un enorme énfasis en las ventajas de la
iluminación mediante la tecnología optoelectrónica, basada en diodos, y
comúnmente conocida como iluminación LED. Las dos grandes ventajas de
las que hace alarde el sector, son principalmente el bajo consumo y la
larga vida.
En lo que se refiere al bajo consumo, no hay nada que discutir, ya que
la relación puede ser de aproximadamente 1 a 10; por ejemplo, una
halógena de 50 Wat puede ser reemplazada por una equivalente LED de 6
Wat, etc. Esto, evidentemente, si hablamos de marcas reconocidas, ya que
comienzan a proliferar en los grandes centros comerciales y bazares
orientales, productos de muy dudosa calidad y fiabilidad.
Por el contrario, en lo que se refiere a la larga vida de las lámparas
LED, hay mucho que hablar. Es como la letra pequeña de algunos tipos de
contratos, que pocas veces se lee, o el folleto de efectos secundarios
de los medicamentos; con la diferencia de que en estos ejemplos todo
ello está al menos escrito, mientras que en el caso de las lámparas LED,
no. Cuando el usuario ve que en el envase contenedor se indican cifras
de vida (o garantía) astronómicas, ¡hasta 60.000 horas!, se queda
totalmente convencido y no pasa nada, porque cuando se quiera dar
cuenta, no recordará el cómputo de utilización real en el tiempo.
Fíjense por ejemplo en la gran cantidad de semáforos que tienen LEDs
fundidos por refrigeración deficiente.
Si se profundiza en el tema de la durabilidad, tiempo de vida, o
garantía de producto, nos encontramos con que, cuando se exigen
especificaciones a fabricantes solventes, y estos acceden a facilitarte
información, la “letra pequeña” dice específicamente que LA DURABILIDAD
DEPENDE DE LA TEMPERATURA, (a mayor temperatura, menor vida de lámpara),
en otras palabras, depende de la refrigeración de la lámpara, y la
refrigeración de la lámpara depende de la capacidad de disipación de la
misma y del recinto donde vaya instalada, (caja cerrada de los
semáforos, falsos techos, muebles cerrados, etc.).
Si van a unos grandes almacenes o ferreterías y se fijan en las lámparas
de LEDs expuestas, observarán que las más caras disponen en su carcasa
de una estructura irregular de aluminio, a modo de radiador de
disipación, que facilita la eliminación del calor. Esta es la clave. Un
coste menor significa una menor eliminación del calor y una reducción de
su vida media entre diez y veinte veces menor que la indicada.
No es de extrañar que centros como el CSIC estén trabajando en estas
cuestiones clave para el éxito de esta tecnología, interesante, pero aún
muy costosa e insuficientemente desarrollada para el gran consumo
doméstico.
Veamos el informe del CSIC a este respecto:
Según una nota de prensa publicada por el Departamento de Comunicación
del CSIC, investigadores del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC) han desarrollado soportes para bombillas de bajo
consumo LED que disipan mejor el calor. El desarrollo está basado en el
apilamiento de diferentes sustratos multicapa de nitruro de aluminio, un
material de alta conductividad térmica. El método de fabricación de
estos soportes será trasladado a una compañía rusa interesada en su
desarrollo a nivel industrial.
Un equipo del Instituto de Cerámica y Vidrio del CSIC ha puesto a punto
los métodos para pegar en cinta los sustratos e incorporar mediante
serigrafía los circuitos de wolframio. Además, ha realizado los procesos
de apilamiento de las diferentes capas y de cocerlas a una temperatura
de 1.900 ºC para que queden perfectamente integradas en el sistema.
Las bombillas LED se caracterizan por un consumo de energía mucho menor,
mayor tiempo de vida, tamaño más pequeño, durabilidad y resistencia a
las vibraciones. “El nitruro de aluminio es un material que disipa muy
bien el calor y es ideal para soportar elevadas densidades de potencia,
que generan mucho calor, como en el caso de los LED. Soportes de
cerámica de este tipo ayudan a refrigerar, prolongando aún más la
durabilidad de las bombillas”, explica el investigador del CSIC Miguel
Ángel Rodríguez.
El CSIC y la compañía rusa de cerámica técnica NEVZ-Ceramics, con sede
en Novosibirsk (Siberia) y perteneciente al grupo industrial HC JSC
NEVZ-Soyuz, han firmado un contrato, de un año de duración, para
colaborar en la fabricación de los soportes a nivel industrial. Los
procesos para su desarrollo se trasladarán a la compañía para su puesta
a punto en una planta automática.
“Este contrato es un primer paso para una posible colaboración en el
desarrollo de otros productos cerámicos de alto valor añadido, como
biomateriales empleados en la restauración de los huesos o blindajes
cerámicos”, precisa Rodríguez.
Fuente: CSIC 12.06.2012
www.csic.es
Consideramos que si esta nueva tecnología resulta finalmente exitosa,
redundaría en un aspecto muy importante a efectos de utilización
decorativa, habida cuenta de que los radiadores de aluminio son bastante
antiestéticos y voluminosos. Su sustitución supondría un importante
valor añadido para el consumidor.
Para ensayar a escala de laboratorio el rendimiento de las lámparas led,
su respuesta lumínica, su índice de deterioro y su gráfico de vida media
en función de la temperatura, se utilizan las cámaras de ensayos
térmicos.
A este respecto es de destacar que CCI ha desarrollado este tipo de
cámaras para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC),
institutos y centros tecnológicos y compañías relevantes del sector,
entre otras entidades públicas y universidades diversas.
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