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En ocasiones nos encontramos con errores conceptuales de fondo, por los
cuales se confunde la corrosión de los plásticos con la biodegradación
por oxidación de los materiales orgánicos de síntesis macromolecular.
Hablar de corrosión de los plásticos, implica que necesariamente se ha
de asociar a la presencia de algún tipo de metal, el cual, combinado,
como carga, o como aditivo, sea incorporado a los plásticos. Nos
referimos a la adición de metales a los monómeros con el fin de
conseguir determinadas cualidades específicas tales como mayor
resistencia mecánica, o el tratamiento superficial electrolítico de
recubrimientos metálicos con fines decorativos, etc.
Hoy en día, la preocupación por el medio ambiente está llevando a los
investigadores a encontrar plásticos cuyo proceso de biodegradación sea
lo más rápido posible sin cambiar sus propiedades funcionales y en este
sentido, la adición de metales podría ser una solución para acelerar la
biodegradabilidad.
Desde hace tiempo se sabe que las macromoléculas con radicales
hidrocarbonados, como las poliolefinas, se degradan lentamente por un
proceso llamado degradación por oxidación, una secuencia de reacciones
de radicales libres en donde el oxígeno de la atmósfera se combina con
el carbono y el hidrogeno en las moléculas plásticas, con un numero de
consecuencias inevitables:
• El tamaño de las moléculas de los polímeros se reduce, y el oxígeno se
adhiere a los fragmentos moleculares.
• Hay una pérdida de las propiedades mecánicas incluyendo fuerza,
elongación y flexibilidad.
• Los cambios del plástico pasan de ser repelentes al agua (hidrófobos)
a ser hidrófilos.
• Las partículas plásticas se desintegran.
A pesar de que las poliolefinas no se biodegradan debido a que sus
moléculas son muy grandes y son hidrófobas, los subproductos de la
oxidación hidrófilas si lo hacen. A través de muchos años, las
poliolefinas ordinarias pueden pasar por este proceso de dos etapas:
oxidación seguida de biodegradación de los productos de la oxidación.
Esto es análogo a la bioasimilación lenta de materiales naturales.
Mientras que la lenta oxidación/biodegradación de las poliolefinas es
útil a largo plazo, es necesario acelerar este proceso de dos etapas
drásticamente con el objeto de hacerlo útil y práctico en el manejo de
la acumulación de productos plásticos desechados. Sin embargo, es
esencial retener las propiedades útiles de las poliolefinas mientras se
añade la característica de oxidación rápida seguida de biodegradación,
pero no hasta que la vida útil del plástico se termine.
Las poliolefinas son hidrofóbicas y por lo tanto no son biodegradables.
Es importante para mantener los alimentos perecederos sin que se
arruinen en bolsas plásticas, o envases de alimentos mientras se
transportan o se exhiben.
Más aun, mientras es relativamente fácil hacer que las poliolefinas se
degraden más rápido que lo normal, no es esto lo que se busca. Se debe
conservar su procesabilidad y vida útil. La degradación rápida no debe
iniciarse hasta que el material ha sido utilizado, preferiblemente
varias veces, y finalmente desechado. La vida de almacenamiento y de
servicio puede ser tan corta como unos pocos meses (por ejemplo envase
de alimentos) o de varios años (por ejemplo: film para la agricultura).
Por tanto, para ensayar de forma acelerada la biodegradabilidad de los
plásticos lo más correcto es utilizar una cámara de envejecimiento
ambiental acelerado con control de temperatura, humedad, radiación UV y
atmósferas modificadas.
Mientras que para ensayar la corrosividad de los metales incorporados a
los plásticos, lo razonable es utilizar una cámara de ensayos de
corrosión acelerada.
CCI viene desarrollando desde el año 1967, bajo la certificación AENOR,
cámaras de simulación ambiental acelerada para tratamientos,
investigación y control de calidad. A este respecto es de destacar que
CCI ha desarrollado este tipo de cámaras para las entidades de la máxima
relevancia y los centros de investigación más prestigiosos existentes en
la actualidad.
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